Aunque usted no lo crea; el aeropuerto capitalino no está certificado

El principal aeropuerto del país, orgullo del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, no tiene la certificación de ley.
Tiene exceso de ruido.
Carece de respaldo oficial de operatividad de pistas.
Y menos está garantizada la buena atención a los pasajeros, sean de ingreso o salida a la macrópolis.
Si le queda alguna duda, hago la precisión:
Me refiero al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, cuya importancia pasará a segundo término con la inauguración de Santa Lucía.
Aquí el tema fundamental es el ruido.
Dice el Diario Oficial del 19 de febrero del 2001 en sus numerales 3.1 y 3.2:
“3.1 Todo concesionario, permisionario u operador aéreo de aeronaves, nacional o extranjero, que opera o pretenda operar dentro de la República Mexicana y su espacio aéreo con (…) deberá cumplir con lo prescrito en la presente Norma Oficial Mexicana.
“3.2 Todas las aeronaves y equipos indicados en el numeral 3.1 anterior no deberán rebasar los niveles máximos permisibles de emisión de ruido…”.
¿Y AERONÁUTICA CIVIL?
El asunto es grave.
Afecta a toda la población de la capital y su zona conurbada.
Por ello Enrique Vargas, presidente municipal de Huixquilucan, protestó ante la SCT de Jorge Arganis:
“…las familias y vecinos de Huixquilucan demandamos conjuntamente el derecho a ser escuchados y tomados en cuenta en este plan de rediseño.
“Queremos conocer la argumentaciones y detalles de este plan rector para la modernización del espacio aéreo, pues afecta directamente nuestra salud auditiva, particularmente de nuestros hijos y adultos mayores…”.
También Sergio Mayer, presidente de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados, protestó porque el rediseño del espacio aéreo “ha perturbado la vida de los vecinos”.
Bueno, pues que hagan su trabajo el secretario Jorge Arganis, el director de la Agencia Federal de Aeronáutica Civil, general Carlos Antonio Rodríguez, y el director del aeropuerto, Jesús Rosano García.
24horas