De guerra con España

A decir verdad

Por Rubén Iñiguez

En el Palacio de la Moncloa, en Madrid, aun no creen los arrebatos del presidente de México, quien desde “su muy aburrida mañanera” ha lanzado críticas y acusaciones en su contra, por agravios históricos tan absurdos como lo es la conquista de México. Sin embargo, los historiadores han demostrado que no hubo tal conquista, pues más bien afirman que fue una revolución indígena, liderada por Hernán Cortés para dar fin al imperio azteca, que tenía sometidas a las tribus de su alrededor.

Sin considerar las consecuencias diplomáticas, malamente informado en materia histórica, el reclamo es que España pida perdón por los hechos que ocurrieron hace más de 500 años, que dicho sea de paso, abrieron la puerta del nuevo mundo, al mestizaje, al español, a la nueva religión, a un sistema de protección legal del indígena por parte de la Corona, pues la Iglesia Católica fue garante de que se aplicara dicha protección, dejando ilesos los derechos de miles de comunidades nativas, que continuaron gobernadas por sus caciques naturales.

Guerra si la hubo, además de la caída de Tenochtitlán, cuya fundación se fijó en forma inexplicable y de manera oficial, en el mes de agosto. La conquista es incómoda, como lo fue el personaje de la Malinche, así como la consumación de la independencia, porque aparecen personajes que desean omitir de la historia oficial los actuales gobernantes de la Cuarta Transformación, porque son hombres que marcaron un precedente histórico muy importante en nuestro país, tales como Hernán Cortés o el consumador de la Independencia y primer emperador de México, Agustín de Iturbide, que gobernó desde lo que hoy es el estado de California, en EUA, hasta Colombia.

Históricamente, las relaciones entre países necesitan mucha serenidad en lo que refiere a episodios turbios del pasado, buscando siempre la verdad histórica entre ambos, pero es a través de los especialistas en el tema y no de ocurrencias o creencias de un gobernante en turno. Por lo tanto, fijar una postura oficial, en el que un estado exige a otro, una disculpa por hechos del pasado, y más cuando ocurrieron hace más de 500 años, es un retroceso a la relación bilateral entre ambas naciones.

Solicitar una disculpa, con el argumento de que, “aquí ya nadie roba” es insinuar que las inversiones de España en México, estimadas en unos 50 mil millones de pesos, ancladas en el sistema financiero como BBVA y Santander, en hotelería, como lo son diversas cadenas: Ibero, Barceló, el hotel RIU, etc. Además de la generación de energía, tanto eólica como en el ramo petrolero con Repsol, que, además ha tenido que disminuir su interés en nuestro país, son “sospechosas” de corrupción ante la pureza de nuestro gobierno federal.

Todo el capital extranjero ha tenido que recurrir a litigios, arbitrajes, además de sujetarse a cambios de políticas que ha marcado la Cuarta Transformación, porque la certidumbre de estas empresas depende del estado de ánimo del inquilino de Palacio Nacional.

Aún permanecen empresas españolas que intervienen en la construcción de trenes urbanos como el de Guadalajara o el de Toluca, incluso en el Tren Maya, otras, en obra pública grande, incluyendo el sector inmobiliario.

Sencillamente España tuvo un papel muy decoroso en una de las recientes ediciones de la Feria Internacional del Libro (FIL), reconociendo a mexicanos ilustres, homenajeando a los organizadores locales de la U. de G. y otorgando preseas valiosas como la codiciada presea, “Príncipe de Asturias”, a los autores destacados. Sin embargo, ni una mención se mereció el caudillo de “la lengua larga”, oriundo de Mascupana, Tabasco.

La actitud agresiva de AMLO ha desmantelado el interés económico de España para seguir invirtiendo en México. Muchos de sus capitales ya no llegaron, otros se fueron, y los que aún permanecen en nuestro país, siguen en constante desacuerdo y litigio por abusos al derecho y los tratados internacionales.

¿Quién debería disculparse por el modo y el error? El desconocimiento de la historia de México y la falta de un “cursito básico de diplomacia”, han orillado a nuestro país, a enemistarse con España, que tenía fuertes inversiones en el territorio nacional. Estas inversiones generan desarrollo y crecimiento, además de generación de empleos.

Creo que valdría la pena realizar una consulta popular para saber si los mexicanos están de acuerdo de que su Presidente se la pase queriendo culpar al pasado y tratando de inventar enemigos imaginarios, mismos que dejaron de existir en el plano terrenal, desde hace más de 500 años.