El Everest cobra sus primeras dos víctimas del año

El Everest es la montaña más alta del planeta, por lo que, sin duda, es el reto más significativo para los alpinistas del mundo. Año con año, deportistas de alto rendimiento que llevan años preparándose para conquistar su cumbre, emprenden el viaje, sin saber si van a volver a casa.

La montaña no tiene palabra, sus bajas temperaturas y oxígeno limitado hacen que su escalada sea una especialmente peligrosa. Más de 300 fallecimientos han sido registrados desde 1922, cuando se comenzó a llevar un conteo oficial en el lugar.

En los últimos años, 2017 fue especialmente devastador con seis muertes, en el 2019 hubo once muertes, mientras que el año pasado no se dio a conocer el registro anual debido a las medidas de distanciamiento social que hicieron imposible que muchos alpinistas pudieran intentar la hazaña.

Desgraciadamente, con la apertura de la montaña, este mayo ha registrado las dos primeras muertes del año en el Everest.

Puwei Liu, un estadounidense de 55 años, y Abdul Waraich, suizo de 41 años, murieron por agotamiento según los organizadores del lugar en Nepal. Según explicó, Thaneshwar Guragai, jefe de expedición de los Seven Summit Treks en Nepal, aunque un equipo llegó a ellos con oxígeno y víveres para apoyarlos, fue imposible salvarlos.

Curiosamente, Abdul, logró conquistar la cumbre, pero fue durante su bajada cuando su cuerpo colapsó.

Las tragedias en aquel lugar tienen sus propias complicaciones, de momento, las autoridades tienen que esperar a que el clima sea mejor para poder mover los cuerpos -se habla de que todavía hay 150 restos ahí que no han podido ser trasladados.

El bajar un cuerpo de la montaña requiere de toda una logística, pues los caminos son difíciles de navegar, aún más con el peso muerto de un cuerpo. De momento, en la montaña se vive un mal clima, lo que ha detenido el ascenso de alpinistas.

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