Ser la víctima es la intención

  • El Juglar de la Red

Por Rafael Cano Franco

En todas las crisis que ha debido sortear el presidente Andrés Manuel López Obrador, en las que enfrentan otros personajes cercanos a sus afectos, existe una tendencia común: siempre buscan ser las víctimas.
Esto no es una acción protagónica, se trata de toda una estrategia que le ha funcionado y que forma parte de los manuales para atender crisis.
Vea usted estos ejemplos:
Si el Tren Maya no avanza y los grupos ecologistas lo frenan con amparos que ganan en los tribunales, el presidente de inmediato se victimiza y dice que es un ataque de los enemigos de su trasformación.
Cuando la reforma electoral o la de electricidad no transitaron a su favor en el poder legislativo, también fue un intento de conservar el status quo y con ello perjudicar al presidente López Obrador, es decir otra vez es una víctima.
Cuando el periodista Ciro Gómez Leyva sufrió un atentado, el presidente de inmediato declaró que podía tratarse de un evento para desestabilizar su gobierno y con ello afectarlo en la gobernabilidad del país. Otra vez, él era la víctima.
Luego de los accidentes que se han presentado en el sistema de trasporte colectivo Metro, en la Ciudad de México, la gobernadora Claudia Sheinbaum ha hecho todo lo posible también por hacerse la víctima, por eso incluyó en la narrativa para explicar los acontecimientos el término sabotaje. Si hay sabotaje entonces no es la falta de mantenimiento o el abandono en que se tiene ese medio de trasporte, es una mano enemiga que busca desprestigiarla y con ello es la víctima.
La todavía ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, respecto de quien la UNAM declaró que plagió su tesis para obtener la licenciatura en derecho, también se apegó a la estrategia de victimizarse. En su caso alegó que ella no fue la plagiaria sino la plagiada, que se trataba de una embestida por ser mujer y que todo era producto del racismo en su contra.
En los manuales para operar crisis se establece que al finalizar uno de estos eventos, el juicio público siempre se establece en uno de cuatro resultados: villano, héroe mayor, héroe menor, víctima.
Dado que en ninguno de estos casos se puede ser el héroe, al no existir condiciones de opinión pública que permitan esa valoración, y terminar en el juicio público como el villano no es opción dado que implica aceptar toda la carga negativa que conllevan estas situaciones.
Entonces lo que queda es ser víctima. Pero no se trata de una víctima para todos, lo que se intenta es ser víctima para un público cautivo, uno que cree absolutamente todo lo que dice el presidente o los suyos, un auditorio que le es fiel y que en su disonancia cognocitiva jamás van a aceptar que todo lo malo que se dice es verdad.
Para la gente que no es adepta a la 4t, el presidente es un ecocida con el Tren Maya, un dilapidador de recursos públicos con “Dos Bocas”, Claudia Sheinbaum es negligente y por tanto responsable de lo que sucede en el Metro, Yasmín Esquivel Mossa cometió plagio y su aferramiento a la silla de Magistrada es una muestra de incongruencia y falta de ética.
Pero para los 15 millones de seguidores que tiene el presidente López Obrador y que le son incondicionales, todo se reduce a campañas orquestadas, sabotajes, embates de la oposición, acciones de “los conservardores” para no perder privilegios. Es decir, la 4T es víctima de un ataque constante por parte de sus opositores.
Y esos 15 millones de seguidores, lo creen a pie juntillas, también lo repiten, lo debaten y descalifican a quien les demuestra lo contrario.
Entonces cuando el presidente o sus allegados se acogen a la estrategia de victimizarse, no es que pretenden convencernos a los demás, a los que ya perdieron, en realidad están dándole mantenimiento a la falacia de la disonancia cognocitiva de sus seguidores y con eso los mantienen fieles.
No es mala estrategia si se considera que un voto duro de 15 millones de personas, casi les garantiza ganar la presidencia de la República el 2024.