El crecimiento habitacional y comercial del suroriente de Ciudad Juárez avanza entre grandes extensiones de terrenos que todavía conservan las características naturales del desierto. Entre fraccionamientos, colonias, negocios y centros comerciales permanecen enormes espacios baldíos cubiertos principalmente de arena y maleza.
Cuando aumenta la velocidad del viento, esos terrenos se convierten en una fuente de arena que termina desplazándose hacia las zonas habitadas. Las ráfagas levantan grandes cantidades de material y lo llevan hacia calles, estacionamientos, negocios y viviendas, donde los habitantes tienen que lidiar con la acumulación de arena.
El fenómeno puede observarse con claridad en los sectores que han quedado rodeados por terrenos todavía sin urbanizar. En cuestión de minutos, el viento mueve la arena de un punto a otro y comienza a cubrir los espacios cercanos a los fraccionamientos, formando incluso pequeñas acumulaciones que posteriormente pueden convertirse en mini dunas.
El problema refleja el contraste que existe en una zona que continúa creciendo. Nuevos desarrollos habitacionales y comerciales aparecen en un entorno donde todavía permanecen grandes extensiones del desierto entre una colonia y otra.
Las imágenes muestran precisamente ese contraste: mientras el suroriente se transforma con nuevos espacios urbanos, el desierto permanece prácticamente a las puertas de los habitantes. Cada vez que se registran fuertes vientos, la arena cruza esos límites y vuelve a recordar que buena parte de esta zona de la ciudad todavía convive directamente con el terreno desértico.
