El Juglar de la Red / La crisis: oportunidad o peligro

Por Rafael Cano Franco

Quienes conocen del manejo de crisis, dicen que puede ser un peligro si no se atienden a tiempo, si hay pasividad y negligencia para actuar, si no hay un liderazgo efectivo que guíe las acciones a seguir; pero también es una oportunidad de mostrar capacidades, de aparecer sensible, de manifestar empatía y con ello lograr un juicio que sea positivo.

Lo que sucedió en Acapulco, con el paso de “Otis” era un momento idóneo para que el presidente López Obrador diera muestras de que su gobierno humanista estaba por encima de las cuestiones políticas y que tiene el liderazgo suficiente para llamar a personajes como Claudia Sheinbaum, Xóchitl Gálvez y Samuel García, a que hicieron un alto en sus actividades electorales y enfocaran sus esfuerzos para atender la contingencia que afectó Acapulco.

Pero eso es mucho pedirle a un presidente que optó por todo lo contrario, que se dedicó a buscar la manera de sacar lucro político de la tragedia, que se limitó a la foto, que ni siquiera pudo llegar al lugar del desastre y que de ir con capa de salvador tuvo que ser rescatado.

El presidente, fiel a su estilo muy personal, optó por la división, por culpar a otros de las responsabilidades que a él y solamente a él le corresponden, se olvidó de los afectados y se auto inmoló como una víctima más.

Pero el presidente se equivoca cuando dice que sus enemigos son los periodistas y medios que critican la falta de apoyo y la lentitud para atender a las víctimas, tampoco son los políticos del pasado que en las redes sociales le mientan la madre, no hay uso político del tema, si acaso señalamientos de las omisiones y los excesos que se cometen por quienes deberían estar ayudando a los damnificados.

Los verdaderos enemigos del Presidente, esos que le impidieron ser el héroe en el que se pensaba convertir cuando trató de llegar a la zona por tierra y el viaje se frustró por la propia naturaleza, son precisamente la improvisación con la cual actuó su gobierno, la carencia de recursos para atender a los damnificados porque desaparecieron el Fonden, los abusos que cometen los militares y la Guardia Nacional, la falta de reacción para atender a los cientos de miles de damnificados y el abandono en el que se sienten las víctimas.

Y el peor enemigo de AMLO, es el mismo López Obrador, ese que se atrevió a decir “nos fue bien” por la razón de que “apenas” se contabilizan 100 personas muertas, pero faltan muchas más que no aparecen. Un gobernante no puede ser tan insensible y mezquino.

A México le fue mal, a Acapulco le fue peor y a los habitantes de toda esa región les está yendo del carajo; pero el diagnóstico dado desde su púlpito presidencial es que “Nos fue bien”.

La devastación es tan grande que solamente para atender al sector social, reconstruir casas, levantar la infraestructura urbana, los tendidos eléctricos, normalizar el abasto de agua y paliar las necesidades de más de un millón de personas tiene un costo estimado en casi 15 mil millones de dólares, pero el presidente cree que con los 13 mil millones de pesos que tiene en el Fonden van a poder enfrentar la tragedia en toda su dimensión.

Eso solamente es no saber el grado de afectación, es demagogia. Pero no hay que preocuparnos, a final de cuentas el pueblo de México responde y con esa ayuda que dimos todos, el gobierno se va a colgar la medallita de que fueron ellos, de que ahí están los recursos, de que los “buitres” de la oposición volvieron a equivocarse porque el gobierno respondió de inmediato.

Para esa actitud solamente hay una palabra que la califique: mezquindad.
Esta crisis que enfrenta su gobierno, no solamente desnuda al gobierno y su carencia de empatía, también demuestra la pequeñez del mandatario que tenemos, nos exhibe la catadura de un gobernante que antes de ocuparse de los demás opta por preocuparse por él mismo y por los índices de popularidad que tiene.

El Presidente quisiera que nadie lo criticara, que no se exhibiera a la gente que clama ayuda y reclama el abandono en el que se sienten, quisiera que se dijera que su gobierno actuó con agilidad y no con lentitud, que fueron previsores y no negligentes, que estuvieron atentos cuando desoyeron todos los pronósticos y que la gente de Acapulco le hiciera un altar para adorarlo como el gran salvador.

El problema es que el juicio público se va inclinando para convertirlo en el villano mayor y cuando eso sucede los ídolos con pies de barro se desmoronan.