Un mexicano ha logrado conquistar el paladar de Jerusalén con un platillo que, para muchos, parecía imposible de adaptar fuera de su contexto original: los tacos. Luis Cruz, originario de Oaxaca, decidió emprender una aventura gastronómica que lo llevó a abrir su propio local en pleno centro de la ciudad, donde hoy recibe diariamente largas filas de clientes curiosos por probar sabores tradicionales mexicanos en Medio Oriente.
La historia de su proyecto comenzó años atrás, cuando conoció a Lea, una joven israelí con quien coincidió primero en México y después en Nueva York. En esa ciudad, ambos trabajaron en panaderías y cocinas, hasta que su relación personal y profesional se fortaleció al punto de decidir mudarse juntos a Jerusalén para iniciar un negocio propio. Así nació Tacos Luis, un pequeño restaurante que abrió en 2018 y que rápidamente se volvió referencia local.
La propuesta gastronómica combina recetas clásicas como tacos al pastor, suadero y mole, adaptadas al entorno cultural de la ciudad. Para cumplir con las regulaciones kosher, Luis tuvo que modificar ciertos procesos y sustituir ingredientes, sin perder la esencia del sabor mexicano. Ese equilibrio ha sido clave para ganarse la preferencia tanto de residentes como de turistas.
El establecimiento ha sorteado momentos complicados derivados de la pandemia y de las tensiones que afectan a la región. Durante los periodos más críticos, la pareja optó por llevar sus platillos a domicilio y colaborar con comunidades locales, lo que fortaleció su vínculo con los habitantes de Jerusalén.
A pesar de vivir lejos de su país, Luis asegura que su identidad mexicana sigue siendo la fuerza detrás de su negocio. Él y su esposa comparten el orgullo por ambas culturas, y lo reflejan en una cocina que une tradiciones de dos mundos distintos.
Con el éxito alcanzado, ahora planean expandirse fuera de Jerusalén. Entre sus próximos proyectos está abrir sucursales en Tel Aviv y en New York, con la intención de llevar su propuesta a públicos más amplios y consolidar su marca en el extranjero.
Lo que comenzó como un sueño culinario entre dos cocineros se ha convertido en un fenómeno local, demostrando que la comida mexicana puede adaptarse y florecer en los lugares más inesperados del mundo.
