Este jueves 5 de marzo, el estacionamiento del Instituto de Ciencias Sociales y Administración (ICSA) fue el escenario de una actividad de gran interacción.
A las 10:00 de la mañana, se transformó en la línea de partida de una marea humana de colores, sudor y tenis, en el marco de la 13ra. Semana del ICSA de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).
El sol comenzaba a calentar el concreto, pero no tanto como el ánimo de los cerca de los 2,000 participantes—entre alumnos, docentes y administrativos— que, con sus playeras institucionales y dorsales improvisados, daban pequeñas zancadas en el lugar mientras estiraban. La tradicional Carrera Recreativa 2KM, como se le conoce desde hace 13 años, estaba a punto de arrancar, y en el ambiente flotaba esa mezcla entre la música, adrenalina y camaradería que solo el deporte universitario sabe destilar.
A diferencia de los debates sesudos de las aulas o las conferencias magistrales en el Auditorio 8 de marzo, aquí no había pupitres ni diapositivas. La consigna era otra: recorrer el circuito trazado alrededor de las instalaciones del instituto, un trazado que, aunque modesto en distancia, prometía ser un termómetro del esfuerzo físico y la resistencia de la comunidad del ICSA.
El banderazo simbólico
No hubo una pistola de salida, sino un banderazo y grito unísono que corearon los organizadores de la Coordinación de Deportes, en conjunto con el doctor Jesús Meza Vega, director del ICSA, jefes de departamento y coordinadores de programas. En cuestión de segundos, el grupo compacto se estiró como un chicle. Los más entrenados tomaron la delantera, marcando un ritmo veloz que los llevó a doblar la primera esquina —entre avenida Universidad y Heroico Colegio Militar— en segundos. Detrás, un pelotón compacto y ruidoso avanzaba a paso más moderado, pero con la misma convicción: la meta no era ganarle al otro, sino a las ganas de quedarse en la banca.
El recorrido, que serpenteaba por los accesos peatonales y los bordes del campus norte, ofrecía postales entrañables. Se veía a los jóvenes corriendo a la par de sus profesores y personal administrativo, en una competencia donde los títulos y las jerarquías quedaron suspendidos; su interés era divertirse y posar para las fotos oficiales.
«Considero que Juárez se está volviendo una ciudad running, donde hay muchos corredores. Entonces las personas, a veces, lo que requieren es simplemente aire libre, caminar, trotar o correr, que es de los mejores implementos que uno puede hacer porque es una actividad motriz natural del cuerpo humano«, comentó el maestro Luis Alberto Pérez Mariscal, coordinador de Deportes ICSA.
Por su parte, entre risas y resuellos, Yatziri Alondra Aragón Lucero, alumna en Administración de Empresas, mientras aminoraba el paso para dar inicio a su trayecto, refrendó que era la primera vez que participaba “y que el ejercicio era importante y, más que nada, para la salud mental y física, y aparte divertida”.
El espíritu de la semana en movimiento
Mientras los primeros lugares comenzaban a cruzar la meta improvisada —con aplausos y chiflidos de por medio—, la mayoría de la plantilla seguía disperso en el circuito. No importaba. El verdadero triunfo se veía en las caras sonrojadas por el esfuerzo, en las palmadas en la espalda al terminar y en las botellas de aguas, bebidas energéticas y frutas sin conocerse.
Esta carrera no era un hecho aislado. Era el reflejo deportivo de una semana que, como bien lo definió el rector Daniel Alberto Constandse Cortez en la inauguración del lunes 2 de marzo, busca «tejer conocimiento que transforma realidades”. Y es que, así como en el Auditorio 8 de marzo se discutía sobre el análisis crítico y la reflexión ética, en el asfalto se practicaba la convivencia, el respeto por el ritmo del otro y la resistencia colectiva.
A un costado de la ruta, un grupo de alumnos que optaron por llamarles o enviarles mensajes de voz a sus docentes como evidencia de que formaban parte de un suceso simbólico. «¡Profe, aquí estoy [en la Carrera], voy por ese punto extra en mi calificación!”, gritaban con la camisa empapada, hacía un último esfuerzo por llegar. La escena, digna de una fotografía para la historia del instituto, resumía el espíritu del ICSA: una comunidad que sabe reírse de sí misma mientras avanza.
Llegada de todos los colores
Cuando el último de los corredores cruzó la línea, seguido de cerca por el staff, que guiaban el camino, el estacionamiento recuperaba poco a poco su ruido habitual de motores. Pero en las caras de los participantes aún persistía la satisfacción del deber cumplido. Algunos se sentaban en los bordes de las jardineras a estirar, otros se tomaban selfies con el dorsal sudado como trofeo.
La 13ra. Semana del ICSA continuaría su marcha con más talleres, mesas de trabajo y el encuentro de culturas indígenas, pero esa mañana de jueves quedó grabada como el momento en que la comunidad dejó los libros sobre los escritorios para escribir, con pasos sobre el pavimento, una crónica de confraternidad. La carrera pedestre recreativa había cumplido su cometido: recordar que, antes que abogados, administradores o sociólogos, son personas que comparten un espacio, un esfuerzo y una meta.
