Por José González Cereceres
La felicidad puede ser definida como un estado de bienestar donde predominan los
sentimientos positivos y le permite al ser humano vivir con satisfacción y plenitud.
Muchos jóvenes están convencidos que la felicidad es un destino, que alcanzarán la felicidad
cuando logren tener la casa de sus sueños, el automóvil último modelo, el trabajo mejor
remunerado, viajar por el mundo, entre otras cosas; sin darse cuenta que tal vez confunden
felicidad con placer, y que la felicidad no se logra solo por conseguir las metas, ésta no es un
destino.
La felicidad no se encuentra en algún lugar u objeto específico, no depende de logros o
factores externos, la felicidad se va construyendo con nuestras decisiones y acciones diarias.
Ser feliz es mucho más profundo que estar alegres o contentos.
La felicidad inicia con la aceptación de un mismo, sin pretender agradar a los demás,
actuando con responsabilidad en todo momento, manteniendo el control sobre las
emociones propias y las acciones que se realizan, tomando en cuenta que no estamos solos
en este mundo, que vivimos en una sociedad donde nuestros dichos y hechos pueden
afectar a los demás.
La felicidad no llega al tener las cosas materiales que se desean, las relaciones personales o
virtuales que te hacen sentir que eres el centro del universo, no es la que falsamente se
pudiera percibir estando bajo el influjo de alguna droga legal o ilegal; la felicidad es algo
mucho más profundo, que se obtiene desde el equilibrio interno de la persona, y le permite
disfrutar y valorar de cada pequeña cosa que sucede alrededor, un bello amanecer, el trinar
de los pájaros, una flor colorida que impacta con su belleza el paisaje, el olor de una deliciosa
comida, la satisfacción del deber cumplido al finalizar una jornada de trabajo, el sentir que
aportas positivamente a la construcción de una mejor sociedad, una buena conversación
con un apreciado amigo, escuchar una buena pieza de música, la lectura de un buen libro,
disfrutar de una taza de café, entre otras muchísimas cosas.
Si bien es cierto que la felicidad es subjetiva y está determinada a la apreciación de cada persona; ésta se puede percibir al lograr un equilibrio espiritual, racional y físico enfocado en una escala de valores, basados en el bien común y el respeto a la dignidad de las personas; pues ningún hecho o actividad puede generar felicidad genuina si se vulnera la libertad y el respeto al ser humano o a cualquier ser viviente y sintiente; no se puede decir que es felicidad si se está afectando a otros seres vivos.
Esperar la felicidad como una recompensa, como un destino, es un error común que
cometen la mayoría de las personas, ésta se trabaja y se construye a diario, con buenas
acciones, y dándole un sentido positivo a la vida.
Tu felicidad la construyes tú.
