Por Martín de J. Takagui
Cuando faltan ocho meses para las elecciones más amplias de la historia en México, la perspectiva política y social del país es incierta, pueden ocurrir cosas que no hemos visto antes.
Ardua tarea tiene enfrente la secretaria de Gobernación, Rosa Isela Rodríguez, responsable de la política interna que no logra estabilizarse ante los frentes abiertos.
Temas como es la violencia, la delincuencia organizada, las inconformidades del Partido del Trabajo por las candidaturas, y las posiciones del Partido Verde Ecologista, pero sobre todo la lucha interna de Morena no es un tema fácil de solucionar.
Pero tampoco esta resuelta la la forma en que pueda controlarse a la delincuencia organizada, porque desde hace ya varios procesos electorales, locales y federales el narco ha participado abiertamente en las elecciones.
Y no es que voten por alguien o en contra, pero deciden en forma definitiva a quien no quieren como edil, quién no les favorece como diputado o quién va a a gobernar un estado.
El crimen organizado tiene la capacidad de descartar a los candidatos que no son de sus gustos o de sus intereses.
Mientras tanto en el INE y en el Tribunal electoral se pierde tiempo decidiendo si las boletas planchadas son válidas o no, cuando la respuesta es clara y legal. No son válidas.
Por otra parte el Congreso de la Unión elimina de las listas de candidatos a quienes tienen dos nacionalidades y muchos otros temas que podrían no ser prioritarios en este momento.
Quizás uno de los temas más importantes en este momento es ese: cómo cerrarle el paso a la delincuencia organizada.
Para los acuerdos políticos, sin duda la obligación es de la secretaria de Gobernación.
Y para el tema de la seguridad y el freno a la delincuencia es Omar García Harfuch el responsable, junto con Ricardo Trevilla, quienes deberán hacer uso y sacarle todo el jugo posible a los mecanismos de inteligencia.
Porque al parecer no servirá de mucho aquella comisión de reciente creación, encargada de verificar la buena y honesta trayectoria de los candidatos, pero ¿tendrán capacidad de revisar todos los expedientes?
Quizás uno de los mecanismos más eficaces para definir la honestidad de los candidatos sería como se hace para el ingreso a las corporaciones policiacas.
Las pruebas de control de confianza podrían ser la solución con el paso por el detector de mentiras, las entrevistas personalizadas y demás mecanismos de integridad y de probidad.
Es un asunto que el Estado Mexicano no ha sabido solucionar; es un asunto de la mayor importancia para evitar lo que hoy vive el gobierno del segundo piso de la transformación cuyos funcionarios son acusados de contribuir con el crimen organizado.
Por el bien de México se deben resolver muchos problemas antes del mes de junio próximo.
