Por Josué García
Hoy en día, el hablar de política se ha vuelto un suceso muy indiferente; vemos y escuchamos las campañas electorales en México y América Latina y escuchamos dos términos muy puntuales: la derecha e izquierda. Ambos términos los tenemos muy polarizados al momento de conversar sobre las elecciones; identificamos a la derecha como conservadora y la izquierda como progresista, pero ¿qué tan correcta es esa afirmación a día de hoy, principalmente en México y Latinoamérica?
Los términos de “Derecha e Izquierda” tienen su origen en la Revolución Francesa de 1789, específicamente en la Asamblea Nacional Constituyente, en donde la distribución física de la cámara de asamblea durante los debates sobre el poder que debería ostentar el rey Luis XVI. Los diputados que se sentaban a la derecha del presidente de la Asamblea defendían el antiguo régimen y la tradición, mientras los que se sentaron del lado izquierdo defendían la reforma en favor de progresión.
Ahora bien, el término se popularizó en Europa como una metáfora política sobre el posicionamiento de los partidos, en donde la Derecha apunta a los valores tradicionales europeos y el conservadurismo de sus costumbres; la izquierda protagonizaba la apertura hacia un progresismo cultural, político y social. Pero no fue un fenómeno aislado; esta corriente viajó a América Latina, en donde, si bien en un inicio compartía similitudes, a día de hoy parecen conceptos distintos.
A día de hoy vemos la noticia del “auge de la derecha en América”, en donde los países en los cuales imperaba la izquierda política, en los tiempos modernos empezaron a tornarse a candidatos y partidos de “derecha”. Hemos tenido múltiples ejemplos como Argentina, Chile, Perú, Colombia, Venezuela, etcétera, en donde todos y cada uno de los movimientos han ofrecido una solución a las crisis políticas, sociales y económicas de los gobiernos de izquierda pasados.
Mientras en Europa la Derecha ha tenido un auge por las crisis migratorias y culturales, lo cual ha hecho a los ciudadanos de los países querer volver al tradicionalismo proteccionista, en América ha sucedido por temas económicos y sociales y este es el punto clave para realmente definir si Latinoamérica está votando por volver a lo tradicional conocido o es un síntoma de algo completamente distinto.
Hace no mucho, tuve una plática con un académico sobre el futuro proceso electoral en Chihuahua de 2027 y los que se han llevado históricamente. Escuché algo que me abrió la mente, algo tan sencillo a la vista que explica la situación de México y América Latina: “Las personas no votan por lo que están a favor, votan en contra de lo que están en desacuerdo”. Con esta frase podemos explicar y desmantelar lo que significa la “Derecha e Izquierda” en Latinoamérica y principalmente en México.
Mientras que en Europa la Derecha e Izquierda representan la esencia de las personas, en América Latina no representa más que un concepto vacío que pocas veces es enclarecido. Las votaciones son en contra de lo que ya han vivido y experimentado, buscando la forma de satisfacer sus necesidades básicas de vida. No es un entramado político-ideológico, es la búsqueda de la supervivencia de las familias, que la historia ha dado razón de que los líderes han utilizado para la búsqueda de sus intereses personales.
La noticia internacional al ojo del público sobre el “auge de la derecha” en América no es más que un insignificante foco de atención. Es más que eso, es un ciclo histórico de la alternancia, que en otras regiones del mundo puede significar una cosa u otra, pero que en América ha significado una incansable lucha de millones de familias por un futuro mejor, por un gobierno y líder que realmente le interese sacar a su pueblo adelante.
Cuando un pueblo no identifica quién realmente los lidera, se mueve como un rebaño de ovejas descarriadas. Ahora que ya entendimos qué es la Derecha e Izquierda en origen y en América Latina, pasemos a entender de dónde surge este ciclo de alternancia política en el continente. Si entendemos que el cambio de posiciones al votar surge de la ineficiencia de los gobiernos y gobernantes pasados, podemos encontrar una solución.
Existen dos tipos principales de gobernantes: los políticos de Estado y los políticos de gobierno. Mientras que los políticos de Estado son todos aquellos que su principal objetivo es crear acciones que favorezcan a su nación, de forma atemporal, no solamente pensando en su gobierno o beneficio, los políticos de gobierno son aquellos que se conducen únicamente bajo sus intereses personales y los del partido, siendo el alcance de sus acciones corto y temporal.
En América Latina se ha visto la prevalencia de los segundos, líderes con poca capacidad y visión, incapaces de anteponer al pueblo a sus intereses y beneficios personales. Para terminar con el ciclo en que se ha visto preso Latinoamérica por los últimos dos siglos, es necesaria la creación de una sociedad educada, con valores, ética y moral, en donde tengamos líderes capacitados y sepamos elegirlos. Donde, si nos encontramos en una situación de malos gobiernos, seamos capaces de actuar en el bien común de la sociedad.
