lunes, octubre 26, 2026
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Lo que no aparece en la fotografía también cuenta una historia

by EdiciónJuárez
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Por Leslie Martínez Corral

Detrás de cada imagen existe todo un proceso de observación, aprendizaje y decisiones, estas son cosas que pocas veces reciben atención. En una época en la que las reacciones parecen serlo todo, vale la pena reconocer el trabajo y sobre todo las historias que hay detrás de una fotografía.

Una fotografía puede durar apenas unos segundos en la pantalla de un celular, cuando realmente no sabemos si puede existir toda una historia. Alguien tuvo que esperar el momento indicado y decidir qué valía la pena mostrar. Sin embargo, cuando la imagen finalmente llega al público casi todo ese proceso desaparece y lo único que queda es el resultado.

Hemos llegado a la creencia de qué un fotógrafo solamente está para capturar ese momento, para después que esa imagen la podamos usar hasta de fondo de pantalla cuando en realidad no pensamos en cómo se construyó esa foto,si cuenta una historia, él por qué el fotógrafo decidió tomar en ese momento exacto a esa hora y porque a esa persona, lugar o momento.

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Ser fotógrafo, implica mucho más que tener una cámara y conocimientos técnicos. Significa aprender a observar y reconocer aquellos momentos que merecen ser contados, su trabajo merece ser valorado más allá de los números que aparecen en una publicación. Estamos acostumbrados a medir el éxito de una imagen por sus reacciones, comentarios o veces que se comparte, pero esos números no siempre reflejan el esfuerzo que existe detrás. Una fotografía puede no volverse viral y aun así tener un gran significado.

Por eso, creo que vale la pena detenernos a observar las imágenes con más atención. No para que todas reciban reconocimiento, sino para entender que detrás de ellas hay personas le dedican tiempo a eso. Valorar su trabajo también significa reconocer que una buena fotografía no siempre es la que más se ve, sino aquella que logra transmitir algo que permanece con nosotros.

Actualmente en  las redes sociales una fotografía puede pasar desapercibida en cuestión de segundos. Y aunque la interacción del público puede ser importante para quienes trabajan en medios digitales, no debería convertirse en la única medida para reconocer el valor de una imagen. Una fotografía puede tener un alcance limitado y aun así, documentar un momento importante, conservar un recuerdo significativo o mostrar una realidad que merece ser conocida.

Para los jóvenes que comienzan en la fotografía, aprender va mucho más allá de conocer una cámara o saber editar una imagen. Al principio cada cobertura y cada práctica se convierten en una oportunidad para descubrir nuevos ángulos, mejorar el encuadre y entender cómo la luz, el movimiento y el momento pueden cambiar por completo una fotografía.

Comenzar no significa saberlo todo desde el primer día. Significa equivocarse, observar el trabajo de otros, aceptar consejos y encontrar poco a poco una mirada propia. Porque detrás de cada fotógrafo hay un proceso de aprendizaje que muchas veces no se ve, pero que también forma parte de la historia que termina contando cada imagen.

Al final, fotografiar no consiste únicamente en capturar lo que tenemos enfrente, sino en encontrar aquello que merece ser recordado. Quizá el verdadero valor de una fotografía no esté en cuántas personas la ven, sino en lo que logra transmitir y en la historia que permanece después de que dejamos de mirarla.

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