lunes, octubre 19, 2026
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Divide y vencerás

by EdiciónJuárez
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Por José I. Cepeda

Desde tiempos remotos y a través de la historia, se ha utilizado como estrategia política y militar la división de fuerzas entre los oponentes. En tiempos de engrandecimiento del Imperio Romano, esta estrategia generó grandes dividendos a generales, cónsules y emperadores en contra de los reinados a quienes buscaban conquistar. La búsqueda del poder en la misma Roma provocó enfrentamientos políticos entre senadores y militares quienes echaban mano de cualquier medio para lograr la potestad, entre ellos debilitar a sus oponentes mediante la división y la calumnia.

Nicolás Maquiavelo, escritor florentino y autor de “El Principe”, fue un diplomático, filósofo político, considerado el padre de la filosofía política moderna y de la ciencia política, así como analista de los liderazgos políticos de su tiempo.  Describe en su obra magna, pecados capitales que se utilizan en la búsqueda de la conservación del poder, en los que se distinguen el orgullo, el miedo, la ambición, la división, la envidia, la codicia y la venganza. El pago discreto para comprar conciencias y generar discordia y división entre los contrincantes a los principados fue común en el Renacimiento. Su polémica propuesta “el fin justifica los medios” sigue siendo utilizada en la política actual como fórmula para la retención del poder.

Al renacimiento le siguió la edad moderna bajo cambios radicales en las formas de gobierno en todo el mundo y la división de poderes contra la iglesia. Contrastó enormemente en las formas de hacer política y de presentarla a los gobernados. Sin embargo, nada ha cambiado mucho en la historia de la humanidad en cuanto a la búsqueda y retención del poder. Lo cierto es que, en tiempos contemporáneos, la aplicación de la política en la administración de las naciones dista mucho de la propuesta moral y finalidad de la misma establecida por los filósofos de la antigüedad: el bien común.

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Fue la división en México la que arruinó el país luego de la sangrienta y prolongada lucha entre insurgentes y realistas por la independencia de nuestro país en 1821. Si, las divisiones consecuentes entre Liberales y Conservadores por ostentar el poder, postraron nuestra nación en la miseria y descontento social durante 55 años, salvo un corto periodo presidencial intermedio. Estas luchas intestinas y malos gobiernos provocaron la perdida de la mitad del territorio en la guerra contra Estados Unidos, sin dejar de mencionar una invasión extranjera más por los franceses quienes implementaron un Imperio con Maximiliano de Augsburgo, para nuestra suerte y el coraje combativo de los mexicanos, de corta duración.

Luego en el periodo denominado “el Porfiriato”, se logró gran progreso y cierta calma en México, mediante el inteligente consenso de Porfirio Díaz, entre conservadores, liberales, militares y la propia Iglesia Católica, sin dejar de mencionar la enorme brecha entre pobres y ricos al final de 30 años de su gobierno. El presidente Díaz se vio obligado a dejar el poder para cederlo a Francisco I. Madero luego de varios levantamientos armados en el país.  De nuevo la búsqueda del poder entre los militares y caudillos de la revolución, dividieron al país en una sangrienta revolución tras el asesinato del presidente Madero. El resto de la historia ya la conocemos.

Hoy, especialmente en nuestro país, quienes buscan ganar y obtener una posición en gobiernos municipales, estatales o federales, tienden a buscar el bien personal sobre el común. Sin generalizar esa es la tendencia o, al menos, la precepción social de quienes ostentan una posición en el gobierno.

Ante esta “oferta” política promovida por los partidos políticos, la disputa por las candidaturas a elección popular, están generando grandes roces entre la clase política, especialmente por las farsas partidistas de consenso popular que promueven candidatos de preferencia de la dirigencia del partido.

Hoy dentro del partido Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), la disputa por las gubernaturas que habrán de celebrarse en México en el 2027, está confrontando y dividiendo a políticos del partido morenista en al menos cuatro estados: Sonora, Nuevo León, Tlaxcala, y Chihuahua donde los liderazgos del partido, lejos de unir, están dividiendo bajo la tutela de la presidenta Ariadna Montiel, empeñada a designar a candidatos fuera de las preferencias populares del propio partido y quien también afirma que; “los candidatos deben tener una trayectoria impecable y hemos definido un método claro y democrático que sea el pueblo y nadie más quien elija a nuestros coordinadores”. Los reclamos de otros contendientes del propio partido que no lograron la nominación ponen en duda la propuesta.

En el Partido gobernante era de esperarse este fenómeno ante el resquebrajamiento político que enfrenta y ante los resultados desastrosos en lo social y económico que diariamente se exhiben en medios de comunicación masiva. Ni se diga de la galopante corrupción detectada en el actuar de diferentes actores políticos de alto nivel.

Quienes no deben de permitir esta división en el país, son los partidos de oposición que buscan equilibrar el peso político que ostenta Morena en la Cámara de Diputados y el Senado.

La actual división entre grupos del PAN en Chihuahua por la detención del exfiscal Cesar Jauregui Moreno, como consecuencia del anterior operativo en el Pinal, municipio de Morelos, en la que se vieron inmiscuidos agentes de la CIA de Estados Unidos, Agencia Estatal de Investigación, Fiscalía General del Estado de Chihuahua y la Secretaría de la Defensa Nacional y las declaraciones entre el exfuncionario y la gobernadora María Eugenia Campos Galván quien sostiene el apego y respeto a las leyes.

Este incidente está dividiendo a seguidores panistas de Jauregui que vieron con buenos ojos el actuar del exfiscal contra la delincuencia organizada y quienes siguen las declaraciones del gobierno chihuahuense.

El partido en el poder en México está regocijándose ante estos eventos que dividen al partido blanquiazul y ponen en peligro la unidad ante próximos procesos electorales. El dirigente nacional del PAN debe tomar cartas inmediatas en el asunto, pues hay mucho en juego.

Los mexicanos estamos obligados a la reflexión y a la acción. En las próximas elecciones está de por medio el futuro del país. Votar es un deber ciudadano y la unidad en la finalidad y los ideales del proceso independentista y la revolución mexicana, deben predominar en la conciencia social.

Divide e impera: Julio César

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