lunes, agosto 17, 2026
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Agosto, mes de mirar hacia arriba sin dejar de pisar la tierra

by EdiciónJuárez
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Por Pbro. Carlos Muñoz Caselin

Agosto tiene un ritmo particular. El calor sigue presente, algunas familias aprovechan los últimos días de descanso y, al mismo tiempo, ya se siente el regreso a las clases, al trabajo y a la rutina. Es un mes de transición, y quizá por eso resulta oportuno hablar de la Asunción de María, que en la fe católica se celebra el 15 de agosto. La fecha nos invita a detenernos y pensar en una necesidad que no pertenece solo a quienes practican una religión: pues todos necesitamos razones para seguir esperando.

La Asunción significa, para la fe católica, que María fue llevada al cielo en cuerpo y alma al terminar su vida en la tierra. Dicho así, puede parecer una idea lejana o difícil de comprender. Sin embargo, detrás de esa afirmación hay preguntas muy cercanas: ¿qué hacemos con la ausencia de quienes amamos?, ¿cómo seguimos adelante cuando llegan la enfermedad, el fracaso o la soledad?, ¿de qué sirve esperar cuando el presente pesa demasiado?

La respuesta que ofrece esta celebración no es una promesa ingenua de que todo saldrá bien. La vida tiene pérdidas, deudas, diagnósticos difíciles, conflictos familiares y caminos que no resultan como esperábamos. La esperanza cristiana no borra ese dolor ni convierte los problemas en ilusiones. Afirma algo más sobrio y más valiente: el sufrimiento existe, pero no tiene por qué ser la última palabra.

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Hay una imagen sencilla que ayuda a entenderlo: volver a casa después de un viaje largo. Uno llega cansado, con hambre, frío o preocupaciones acumuladas. Pero el ánimo cambia cuando sabe que habrá una luz encendida y alguien esperando. La casa no elimina lo que ocurrió durante el camino; simplemente demuestra que el viaje no era hacia la nada. Para millones de personas, María Santísima es esa presencia que espera con los brazos abiertos, allá en el cielo.

Esa cercanía no elimina la responsabilidad de actuar. La oración no sustituye al médico, al psicólogo, al abogado, a la autoridad que debe proteger ni a la ayuda material que una familia necesita. Creer no significa cruzarse de brazos. Si alguien está en peligro, debe buscar seguridad; si el ánimo se hunde, conviene pedir apoyo; si aparece una enfermedad, hay que atenderla. La esperanza madura no desprecia las herramientas concretas: las convierte en caminos para cuidar la vida.

Además vivimos bajo una presión constante para ser jóvenes, productivos, atractivos y resistentes. El cuerpo enfermo incomoda, el cuerpo envejecido se oculta y el cuerpo cansado se interpreta como una falla. Frente a eso, la asunción de María en cuerpo y alma nos recuerda que la persona completa importa. Nadie vale solamente por su apariencia, su salario, su rendimiento o su utilidad.

En este agosto, mirar hacia arriba no significa desentenderse de la tierra. Significa recordar que el presente no es todo lo que existe y que los problemas no tienen derecho a ocupar todo el horizonte. La Asunción invita a vivir con los pies firmes en la realidad y el corazón abierto al futuro, especialmente el eterno. Nos recuerda que una vida buena no es una vida sin dificultades, sino una vida en la que las dificultades no consiguen apagar por completo la capacidad de amar.

Agosto pasará, volverán las clases y el trabajo recuperará su ritmo. Pero recordemos algo: María ya está en casa, la luz está encendida y la puerta no se ha cerrado.

Que esta certeza nos llene de esperanza, para transformar nuestra manera de vivir, sufrir y esperar.

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