Por Abraham Romero
A lo largo de la historia, desde la antigüedad hasta la actualidad, las juventudes han sido fundamentales en la transformación de las sociedades. Sin embargo, en la actualidad se enfrenta un creciente problema de desinterés político y social, una situación que representa un riesgo para la democracia y el futuro del país.
Desde la antigüedad, las juventudes han desempeñado un papel crucial en el desarrollo de las sociedades, defendiendo y luchando por temas fundamentales como la democracia, la igualdad y la justicia. Desde los movimientos estudiantiles que marcaron importantes cambios sociales y culturales, hasta el uso de las redes sociales como herramienta de visibilización y organización, la juventud ha demostrado constantemente ser un agente de cambio.
A pesar de ello, en la actualidad surge una pregunta importante: si la juventud tiene tanto potencial, ¿por qué existe desinterés hacia los temas políticos y sociales?
El desinterés de gran parte de la juventud hacia estos temas surge por distintos factores. La falta de información y la apatía política podrían considerarse de los más comunes, aunque no son exclusivos de las juventudes, sino de la sociedad en general. Muchas veces se mantiene la idea de que “mientras no me afecte” o “no me meto en la política porque no me afecta”, cuando en realidad ocurre todo lo contrario: aunque una persona decida no involucrarse en la política, las decisiones políticas continúan impactando directamente en su vida cotidiana.
Sin embargo, este desinterés no surge de la nada. Problemas como la corrupción, la desconexión entre gobiernos y ciudadanía, la desconfianza institucional y la poca representación juvenil han provocado que muchas personas pierdan interés en involucrarse en asuntos públicos. Esto genera consecuencias importantes, ya que cuando la juventud deja de participar, también se pierde una visión fresca, crítica e innovadora capaz de enfrentar los problemas contemporáneos de la sociedad.
La falta de participación juvenil también puede contribuir a una sociedad menos inclusiva, donde las decisiones y políticas públicas no siempre reflejan las necesidades reales de las nuevas generaciones. Por ello, en lugar de alejarnos de estos temas, resulta fundamental interesarnos, informarnos e involucrarnos más en la vida pública, no solo para generar un impacto positivo, sino también para evitar que otros decidan por nosotros.
La participación ciudadana y juvenil no debe verse como algo opcional, sino como una necesidad para fortalecer la democracia y construir una sociedad más justa, equitativa y representativa. Es importante que las juventudes se interesen e involucren en los aspectos sociales y políticos, siempre desde la información, el análisis y la educación cívica.
El voto, la participación comunitaria y la representación juvenil en espacios de toma de decisiones continúan siendo herramientas fundamentales para generar cambios reales dentro de la sociedad. A lo largo de la historia, las juventudes han demostrado su capacidad para transformar el mundo que las rodea, y en la actualidad ese papel sigue siendo igual de importante.
