miércoles, agosto 12, 2026
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La creatividad no desapareció, nosotros la abandonamos

by EdiciónJuárez
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Por Sofía Medrano

Poca importancia solemos darle al papel que desempeña la creatividad en nuestras vidas. Durante la infancia la utilizamos casi de manera natural, imaginamos, inventamos historias, dibujamos, jugamos y encontramos distintas formas de resolver los problemas que se nos presentan. Sin darnos cuenta, la creatividad forma parte fundamental de nuestro desarrollo y de la manera en que comenzamos a relacionarnos con el mundo.

Pero, ¿qué sucede cuando crecemos?

Con el paso de los años, la creatividad parece quedar relegada a un segundo plano. Las responsabilidades, las exigencias laborales, la rutina y el ritmo acelerado con el que vivimos hacen que poco a poco dejemos de cuestionar, imaginar y experimentar. Aquello que durante la infancia era espontáneo comienza a parecernos innecesario o, incluso, exclusivo de quienes se dedican a actividades artísticas.

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Sin embargo, los beneficios de mantener activa nuestra creatividad van mucho más allá de realizar una actividad por entretenimiento. En 2024, investigadores de la Anglia Ruskin University analizaron los datos de 7,182 adultos en Inglaterra y encontraron que la participación en actividades creativas y artesanales estaba asociada con mayores niveles de felicidad, satisfacción con la vida y una mayor sensación de que la vida vale la pena. Además, el 37.4 % de los participantes afirmó haber realizado al menos una actividad artesanal durante los 12 meses anteriores.

Estos resultados coinciden con otra investigación realizada por especialistas de University College London y la National University of Singapore, quienes analizaron información de 23,660 personas en Reino Unido. El estudio encontró que una participación frecuente en actividades artísticas estaba asociada con menores niveles de malestar psicológico, mayor satisfacción con la vida y un mejor funcionamiento de la salud mental.

Quizá entonces hemos entendido la creatividad de una manera demasiado limitada. Ser creativo no significa necesariamente pintar un cuadro, escribir una novela o dedicarse profesionalmente al arte. También significa encontrar una solución diferente ante un problema, cambiar nuestra perspectiva, experimentar, imaginar nuevas posibilidades o encontrar una forma de expresar aquello que muchas veces no sabemos decir con palabras.

La creatividad también puede convertirse en un espacio para nosotros mismos. En medio de una rutina que constantemente nos exige producir, cumplir y avanzar, crear nos permite detenernos, observar y conectar con aquello que sentimos.

Tal vez por eso resulta necesario preguntarnos, ¿en qué momento dejamos de crear simplemente porque disfrutábamos hacerlo?

Recuperar nuestra creatividad no significa volver a ser niños. Significa recuperar una capacidad que siempre estuvo presente en nosotros y que puede ayudarnos a expresarnos, adaptarnos y encontrar nuevas maneras de relacionarnos con nuestra propia vida.

Quizá el verdadero problema no sea que dejamos de ser creativos al crecer, sino que aprendimos a creer que ya no tenemos tiempo para serlo.

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