Por: Alberto Montenegro
La política nace en las universidades
Las universidades forman profesionales en diversas áreas del conocimiento que impactan de manera directa en la construcción de un nuevo México. Ingenieros, médicos, abogados, economistas y especialistas en ciencias sociales egresan cada año con herramientas que les permiten incidir en el desarrollo del país. Sin embargo, esta preparación académica no siempre se ve reflejada en una participación directa dentro de la vida política.
Las instituciones de educación superior juegan un papel fundamental como semillero de futuros activistas sociales y líderes políticos con participación directa en sus comunidades. A pesar de ello, las universidades también enfrentan importantes áreas de oportunidad para fomentar una mayor cultura de participación cívica entre sus estudiantes.
Durante la conferencia“Juventudes y su participación política: más allá de las estructuras tradicionales”, realizada en la Universidad Nacional Autónoma de México, se destacó que uno de los grandes retos de la democracia mexicana es ampliar la participación política de las juventudes. Aunque México es un país con una población predominantemente joven, esta realidad no se refleja de manera proporcional en los espacios de toma de decisiones.
Un ejemplo claro se observa en el Poder Legislativo. En México, la representación juvenil en la Cámara de Diputados de México ha rondado aproximadamente el 6% en las últimas legislaturas, lo que representa cerca de 30 diputaciones de un total de 500 escaños. Esta cifra evidencia una clara subrepresentación de las juventudes dentro de los órganos de representación popular.
Esta situación tiene causas diversas. Una de ellas es la percepción poco atractiva que muchos jóvenes tienen sobre la política. Diversas encuestas sobre cultura cívica señalan que una parte importante de las juventudes percibe la política como un espacio distante, burocrático o incluso aburrido. Esta percepción se traduce en niveles de participación política más bajos entre la población joven en comparación con otros grupos de edad.
Sin embargo, la realidad puede ser muy distinta cuando los jóvenes logran acercarse a la vida pública. Desde la experiencia personal de muchos jóvenes que han decidido involucrarse en actividades cívicas, la política representa una oportunidad real para escuchar, apoyar y mejorar el entorno social. Participar en política no significa únicamente aspirar a un cargo público; también implica comprometerse con la comunidad, generar proyectos, defender causas sociales y servir al país desde distintos espacios.
En el estado de Chihuahua existen diversos grupos y organizaciones juveniles que trabajan en la formación y capacitación de jóvenes interesados en el activismo social y la participación política. Estos espacios contribuyen a crear una nueva generación de ciudadanos más informados, más comprometidos y más conscientes de los retos que enfrenta su comunidad.
Aunque no todos los jóvenes necesariamente se sentirán atraídos por la política, la realidad es que muchos buscan impulsar cambios sociales y encontrar espacios donde sus voces sean escuchadas. En ese sentido, las asociaciones estudiantiles, los colectivos universitarios y los grupos juveniles funcionan como plataformas fundamentales para canalizar esa energía transformadora.
Históricamente, los estudiantes han sido protagonistas en momentos clave de la vida pública del país. Un ejemplo emblemático fue el Movimiento estudiantil de 1968, que marcó un antes y un después en la historia política de México al exigir mayores libertades democráticas y respeto a los derechos civiles.
Décadas más tarde, una nueva generación universitaria volvió a hacerse presente en la discusión pública con el Movimiento Yo Soy 132, un movimiento que surgió desde las universidades y que puso sobre la mesa temas como la democratización de los medios de comunicación, la transparencia electoral y la participación ciudadana.
Estos ejemplos muestran que las universidades no sólo forman profesionistas, también forman ciudadanos conscientes y críticos. Las asociaciones estudiantiles y los espacios de organización dentro de los campus universitarios se convierten así en verdaderos laboratorios de participación democrática.
Para fortalecer la participación política juvenil es fundamental que los jóvenes y las instituciones construyan lazos más sólidos de colaboración. Si bien ya existen mecanismos formales de participación, en muchos casos estos espacios permanecen subutilizados o resultan difíciles de llenar, incluso en entidades con una gran población joven.
El desafío para las nuevas generaciones es impulsar una nueva forma de hacer política, una política más cercana, más transparente y más representativa de las necesidades de la sociedad. Pero también es responsabilidad de las instituciones abrir más espacios para que las juventudes puedan participar activamente en la toma de decisiones.
El buen joven político no debe aspirar únicamente a ocupar un cargo público, sino a entregar su juventud a ideales que contribuyan al crecimiento y fortalecimiento de la nación. México necesita jóvenes preparados, comprometidos y con vocación de servicio, capaces de transformar la inconformidad social en propuestas, proyectos y soluciones reales.
Porque, al final, el futuro del país también se construye desde las aulas.
