martes, febrero 10, 2026
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Papa Francisco a 10 años de una esperanza

by EditorJRZ
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José Eduardo Borunda Escobedo

Hace diez años hubo una flama que se encendió en los corazones de la comunidad de Ciudad Juárez. Las calles se paralizaron, los televisores fueron encendidos en los hogares, esperaban las noticias y atendiendo lo que pasaba en los diferentes escenarios. Ha sido un día en el que los juarenses partieron la ciudad en dos, no se podía cruzar de un lado al otro en vehículo, las vallas humanas empezaron a formar desde la madrugada y terminaron después de las diez de la noche.

El Papa Francisco estuvo en ciudad Juárez unas cuantas horas, era el mes de febrero del año 2016, la efervescencia política empezaba a tomar forma, había un proceso electoral donde se elegirían además de la gubernatura a 67 alcaldes, 67 sindicaturas y a los 33 diputados locales.

La violencia estaba ya en sus últimas etapas duras, aunque los asesinatos entre los miembros del crimen organizado seguían una dinámica compleja, el control del territorio, el cruce de estupefacientes, las prácticas de control político, así como la abierta guerra contra el Estado mexicano eran visibles en las escalas más altas del país.

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La visita de Estado, al ser el papa Francisco el representante del Vaticano, le daba un plus que convirtió a Ciudad Juárez en la mirilla de los fotógrafos, periodistas y medios de comunicación que estaban de manera temporal explorando el bajo mundo, así como de la alta alcurnia de la mejor frontera de México.

La Carretera Panamericana o Avenida Tecnológico fue ese punto de separación de la ciudad. Se prolongaba hasta los márgenes del Río Bravo. El trayecto del Papa fue del aeropuerto hasta el Punto, ubicado en las inmediaciones del “Estadio Olímpico Benito Juárez”. Venta de comida, bebidas, refrescos, recuerditos, banderolas, camisetas, y lo que uno se puede imaginar hubo en todo el trayecto.

El primer evento fue en el CERESO de Juárez, centro penitenciario donde el acercamiento fue a puerta cerrada. Allí el evento, transmitido por televisión daba cuenta del primer mensaje entre quienes habían perdido no sólo su libertad, sino sus derechos políticos y sociales.

Otro encuentro en el Gimnasio de Los Colegios de Bachilleres, empleados de maquiladora, estudiantes y profesores que tuvieron la oportunidad de llegar a ocupar uno de los espacios para escuchar un llamado a la razón, pero que también fue un llamado al corazón para compartir el pan y la sal entre las comunidades vulnerables.

La comida, después de estos eventos, fue en el Seminario Conciliar de Ciudad Juárez, el trayecto del Parque Central, por la carretera Panamericana y pasar por la Gómez Morín a eso de medio día hizo que los feligreses pudieran seguir de cerca una comitiva que una velocidad de relámpago veía la imagen de un ser carismático, la emoción de sus rostros, las lágrimas que bajaban entre sus mejillas daban una sensación de paz.

En la tarde – noche, ante una multitud que estuvo durante horas esperando la santa misa, el Papa Francisco llegó en un vehículo a El Punto, un altar gigantesco que permitía la concelebración religiosa ante cientos de miles de fieles católicos. Una explanada llena de creyentes en la tierra prometida. El estadio anexo, donde hoy juegan Los Bravos y Bravas de Juárez Fútbol, lucía lleno, siguiendo de cerca la conmemoración.

El Paso Texas también tuvo su estadio de UTEP lleno de católicos “paseños” y circunvecinos para atestiguar al representante de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Una ciudad que se unió al festejo y la alegría que sólo un río dividía, pero unía en oración ambos países.

Al abordar el avión, el mensaje del Papa, dejó en claro que todo había salido bien, que hubo colaboración entre las comunidades y grupos de la sociedad, de los poderes establecidos y los grupos de poder fácticos. Ciudad Juárez había tenido un día con saldo blanco y había tenido la bendición papal un 17 de febrero de 2016. Ese día, es y será recordado por los juarenses como un día en que pudieron dormir bajo el manto espiritual de un Papa comprometido con los migrantes y con Santa María de Guadalupe como su protector.

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