lunes, mayo 11, 2026
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La República de los Viejos: México y el abismo generacional en su democracia

by EdiciónJuárez
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Por Jesús García Galaviz

Hay un absurdo silencio en el corazón de la democracia mexicana: el grupo de ciudadanos con más poder electoral recae en los jóvenes de 18 a 29 años, que representan el 30% del padrón electoral, prácticamente la tercera parte, sin embargo, es también el que menos ejerce este derecho. Mientras el país debate su rumbo para los próximos años, millones de jóvenes tienen su atención hacia otro lado. Pero ¿Por qué? ¿Indiferencia? ¿Hartazgo? ¿O es que nuestro sistema político simplemente no los refleja e integra? Pareciera que la demagogia política sigue presente o al menos es la percepción de los jóvenes.

Los números dan una realidad contundente. En las pasadas elecciones presidenciales del 2024, históricamente significativas porque México eligió a su primera presidenta la participación ciudadana cayó al 59.6%, el nivel más bajo desde 2006. El grupo de 20 a 29 años fue el de peor desempeño: solo el 48% acudió a votar, cayendo desde el 53% de 2018. En estados norteños como Chihuahua y Baja California, el abstencionismo fue devastador, visualizándose una tendencia en el futuro próximo hacia una menor participación de los jóvenes.

Frente a este abandono cívico, vale la pena preguntarse: ¿a quién representan los que nos gobiernan? La respuesta incomoda. La edad mediana del Congreso mexicano es de 51 años, realmente nuestros jóvenes se sienten representados en un país cuya mediana poblacional es de apenas 27 años. Una brecha de 24 años separa a los representantes de los representados. En términos prácticos, el Congreso es una institución dominada por personas que entraron al mercado laboral antes de que existiera el internet masivo (Igual o mayor a 60 años), tomando decisiones sobre una generación que nunca ha conocido un mundo sin él.

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Los diputados menores de 30 años representan apenas el 6.1% de la Cámara, aunque los jóvenes de 15 a 29 años constituyen el 23.8% de la población. Esto no es una anécdota; es una falla estructural de representación. La consultora Alejandra López Martínez ya lo dijo: “Los políticos tienden a ser mucho mayores que los jóvenes. En promedio los políticos en México tienen 60 o 61 años.” No es difícil entender por qué un joven de 22 años con deudas, sin empleo o en el mejor de los casos con empleos mal pagados por no decir precarios, inseguridad cotidiana que desafortunadamente los ha envuelto una clara falta de honradez en el ejercicio de la función pública traduciéndose en creciente corrupción no se siente reflejado en ese espejo.

Brecha de representación generacional

Los especialistas consultados por CNN en 2024 apuntaron a un ciclo perverso: los jóvenes votan con entusiasmo al cumplir 18 años con una participación del 61.5% pero ese ánimo se desvanece rápidamente. Solo el 4.4% de los jóvenes confía en los partidos políticos, según investigaciones de Silvia Gómez Tagle y José Eduardo García. Y los partidos, en lugar de renovarse, han dejado de construir bases juveniles desde abajo. Antes, señala el consejero electoral Valeriano Ramírez, “los partidos buscaban a los líderes juveniles y los incorporaban”. Hoy esa puerta está casi cerrada, no hay una verdadera y legitima oferta política que convenza a los jóvenes, perciben una total simulación por parte de los partidos políticos, no están hablando el mismo idioma, no hacen o cumplen con lo que prometen.

Sería injusto afirmar que el abstencionismo en los jóvenes es solamente resultado de su apatía. El profesor universitario Cuna ofrece una lectura alternativa más honesta: no participar también puede ser un acto político, una forma de rechazar un sistema que no ofrece opciones reales. Un joven que no va a votar porque ningún candidato habla de la precarización laboral, del costo de la vivienda o de la violencia que lo rodea, no es alguien sin criterio. Es alguien a quien el sistema le ha fallado en su obligación más básica: representarlo.

“Las y los jóvenes no pueden ser ‘el futuro de México’ si están aislados de la cosa pública y su voz no es tomada en cuenta.”

Bien lo decía el Maestro Vasconcelos ‘’ los jóvenes son la conciencia moral de la nación.”

¿Qué viene?

El futuro próximo no es alentador si no se actúa. Para las elecciones intermedias de 2027, el padrón joven seguirá siendo el más numeroso más de 26 millones de personas entre 18 y 29 años, pero sin incentivos reales para participar, es probable que el abstencionismo entre este grupo supere el umbral del 55%. Eso significaría que, en la práctica, decisiones cruciales sobre seguridad, empleo y educación serán tomadas sin el voto mayoritario de quienes las vivirán por más tiempo.

La reforma constitucional de 2023 que bajó la edad mínima para ser diputado de 21 a 18 años es un paso simbólico positivo. Pero los símbolos no bastan. Lo que se necesita es una transformación profunda en cómo los partidos construyen liderazgos, en cómo las escuelas enseñan ciudadanía, y sobre todo en cómo los políticos traducen sus promesas en realidades tangibles para una generación que hereda un país con altos niveles de violencia, informalidad laboral y desconfianza institucional.

México no puede permitirse seguir siendo una república gobernada por los viejos para los viejos. No porque la experiencia no valga, al contrario, debe ser una mezcla de experiencia y juventud, sino porque el país que viene será habitado, construido y sufrido principalmente por quienes hoy tienen menos de 30 años. Si esa generación no tiene voz en las decisiones de hoy, las consecuencias se pagarán el día de mañana. Y para entonces, quizá ya sea tarde para rectificar. Gran reto tiene los partidos políticos que actualmente rigen la política del país, que van hacer para convencer a los jóvenes, el royo demagogo ya no funciona, pero no solo es responsabilidad de los partidos, aquí debemos entrarle todos, partidos, gobierno, escuelas (Principalmente universidades) para coadyuvar en construir un mejor futuro donde realmente se vean reflejados.

Finalmente plateo para los jóvenes esta interrogante que el Maestro Vasconcelos les hacía ¿Un joven que no se mete a cambiar la política, es un traidor a su generación? el joven debe ir a donde nadie quiere ir, a educar, organizar, construir, cuál es su compromiso.

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