lunes, julio 27, 2026
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Aquel que este libre de pecado, que tire la primera piedra

by EdiciónJuárez
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Por Josué García Castañeda

México es un país con gran extensión territorial que, a su vez, comprende una enorme población de 130 millones de habitantes. Cuando escuchamos el nombre de “México”, viene a nuestra mente un cúmulo de ideas y pensamientos; pensamos en su gran gastronomía, resultado de su enorme y rica cultura mestiza; pensamos en los bellos paisajes naturales que contiene la nación, la inmensa arquitectura de la época colonial hispana, la mezcla de pueblos, lenguas, costumbres, apariencias y significados.

Pero no todo es tan ideal. También, al momento de pensar sobre México, nos sobreviene una dura y cruda realidad: que la existencia de todo lo antes mencionado no encubre o contrarresta una verdad que se vive día con día. Temas como la inseguridad, desigualdad, injusticia, atropellos, violencia, malas prácticas, etcétera, conforman no solo a la sociedad civil en México, sino también a las instituciones y representantes que tenemos.

Es una realidad que el mundo en el que vivimos no es un mundo idealista; es un mundo con una realidad que constantemente se inclina a la crueldad e injusticia, y nuestra nación no es una excepción de ese escenario. Es común escuchar a los ciudadanos quejarse sobre la clase política de nuestra nación, escuchar día con día cómo los gobernantes son unos “corruptos”, que las instituciones están “amañadas” o que existe una estructura que desfavorece al pueblo. La crítica hacia aquellos que ostentan un grado o posición superior de poder a nosotros, o que nos representan públicamente, es un derecho y casi una obligación; al fin y al cabo, son la voz y la voluntad del pueblo encarnados.

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Pero existe un tema a tratar que pocas veces se toma en cuenta o se le da la atención necesaria. Conocemos las incontables malas prácticas de gobiernos y gobernantes, y somos los responsables de poner a juicio estas acciones, sin olvidar un punto muy necesario de recordar y visibilizar: aquellos que ocupan puestos o altos mandos en el gobierno salieron de la sociedad que nosotros conformamos. Existe algo de correlación entre los actos cometidos y la cultura de la sociedad de la que provienen. Nosotros, como pueblo y sociedad, cometemos las mismas acciones que se cometen y ocurren en la estructura política de nuestro país, sucediendo hasta en los niveles más bajos de las jerarquías sociales. Cuando atacamos y juzgamos a nuestros dirigentes, no atacamos el problema real desde la raíz; el origen de esos procederes está en nuestra sociedad civil, en la cultura que gobierna al México actual. Pasamos por alto las formas en que actuamos, que, de una u otra forma, terminan encarnándose en la jerarquía política, pero pocas veces apuntamos el dedo hacia nosotros para reconocer nuestra injerencia en dicha situación.

El desarrollo de la introducción es con base en crear el ambiente de pensamiento con un enfoque distinto. La cultura que se vive en México es la respuesta a los hechos que se viven a diario. Transparencia Internacional y Transparencia Mexicana presentaron una nueva edición del Índice de Percepción de Corrupción (IPC), con el cual se registra la opinión de especialistas, analistas de riesgo financiero, personas de la academia y negocios, sobre la corrupción de 180 países evaluados.

Esto con el fin de evaluar a México mediante distintas formas, con las cuales, en 2024, México obtuvo una calificación de 26 puntos de 100 posibles, siendo 100 la mejor calificación, colocando a México en el puesto 140 de 180. En esta evaluación no se contaron casos aislados; se consideraron principalmente estratos de la sociedad organizados, dando como resultado la alta corrupción de las empresas, gobiernos, instituciones tanto privadas como públicas y, a su vez, en procedimientos civiles. El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) analizó la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2025, en donde se llegó a la estadística de que el 84 % de las y los mexicanos percibe la corrupción muy frecuente en el día a día. Con estos datos nos damos a entender la gran problemática que actualmente azota a la nación, pero, a su vez, nos permite entender un punto muy importante. La corrupción o las injusticias no solo se encarnan en el gobierno como raíz, y no es solo cuando un gobierno hace mal uso de los recursos del pueblo, cuando la administración utiliza el poder en favor de unos cuantos, tampoco cuando empresas establecen convenios destructivos para la sociedad y para la tierra; la corrupción empieza en un escaño más simple de la sociedad, desde el ciudadano común. Aquel que en la mañana sale de su casa tarde para el trabajo, que le parece más conveniente manejar sin precaución y evadir la ley porque le es más redituable la consecuencia que acatar el lineamiento. El conductor que, cuando un oficial de tránsito lo detiene, ofrece un incentivo económico, “mordida”, a cambio de librarse de una consecuencia. El servidor público que evade su responsabilidad, al ser fomentado por una suma de dinero. Cuando una persona hace uso de medios o prácticas poco ortodoxas para conseguir un beneficio, ya sea un trabajo, propiedad o sueldo. Cuando nosotros, como cohabitantes de un hogar, al momento de realizar una acción, ya sea de lo más simple, que sabemos que traerá una consecuencia, decidimos ocultar o deslindarnos de la responsabilidad.

Ejemplos como estos hay una infinidad, y a lo que apelo no es a una sociedad perfecta, incorruptible y sin mancha; sería como negar la condición humana, sino que lo que trato de transmitir es conciencia sobre la cultura que existe actualmente en México, la cultura del “Yo no fui”, “me es fácil”, esta cultura que antepone el beneficio individual y privado por encima del colectivo; la cultura que, antes de autoanalizarse y reconocer nuestros errores, rápidamente busca a alguien o algo que culpar.

Este escrito no tiene el fin de acusar o atribuir culpas; el fin de esto es hacer una exhortación, una exhortación a la razón y conciencia. Entender que México, como pueblo, apunta siempre a desviar la raíz o culpa del porqué México se encuentra en una condición gubernamental deplorable. Esto es un señalamiento a la raíz de gran parte de nuestros problemas, a entender que el cambio del país, gobierno, administración y bienestar civil no se logra desde lo externo; el cambio debe ocurrir primero como sociedad, y aún más en lo individual, personal.

Autoexamínense, aprendan a conocerse como parte de la sociedad, qué lugar ocupamos y qué aportamos, ya sea bueno o malo; identifiquemos similitudes en lo que ocurre en el país y lo que ocurre en nuestros hogares, las acciones tomadas por gobernadores y las acciones personales tomadas por nosotros. Debemos entender que México es un reflejo de nosotros como sociedad y como individuos. No podemos esperar ver un cambio conservando los mismos procederes; no esperemos un resultado diferente con el mismo procedimiento. Los invito a reflexionar con la siguiente frase dicha por el expresidente estadounidense John F. Kennedy: «No preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregunta qué puedes hacer tú por tu país».

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