Por Josué García
Actualmente, en nuestros tiempos han existido una infinidad de cambios; es una realidad que, como sociedad, hemos cambiado mucho en comparación a épocas pasadas; sabemos que cosas que antes se creían malas ahora son practicadas de forma común y corriente. Y es interesante analizar cómo la línea entre lo que entendemos como bien y mal se va desvaneciendo.
Para entender esto, debemos indagar en el “Génesis y desarrollo del individualismo en el pensamiento moderno”, esto iniciando por cómo se ha desarrollado esta idea. Iniciando en la Ilustración, que se dio este fenómeno inicial, cuando hasta ese momento la moral era dotada por la ética cristiana.
Es innegable que la base de la moral occidental es la cristiana y que de ella emanan las leyes y las normas que actualmente rigen a nuestra sociedad. Focalizando en la sociedad mexicana del siglo XXI, podemos ver una clara situación de este fenómeno: la pérdida del sentido del deber.
Existiendo en México una ola de individualismo, creando un ambiente en donde todos, estando conectados por una misma raíz, la cual es la identidad de pertenecer a una nación, que funge como una cuerda conectada a todos y cada uno de los mexicanos, corremos hacia direcciones distintas.
Lo que provoca es una sociedad fragmentada, en donde existe la idea de que “El hombre, libre de todo orden, podrá así afirmar su auténtica individualidad”, otorgando esta idea el estatus de “verdadera” libertad, siendo esta afirmación destructora de sociedades, en donde fragmenta la unidad y detiene el avance.
Sabemos que existe la individualidad del ser humano, que le permite actuar y decidir libremente sobre sí mismo, esto siendo la autodeterminación, pero sabemos a su vez que existe el sentido de responsabilidad, seguido de las consecuencias de sus actos; estas, regidas en sociedad.
Pero existe una delgada línea en donde la individualidad del hombre borra la distinción del bien y el mal, que es regido en sociedad a todo aquello que influya y afecte de manera positiva y negativa, no solo al que comete los actos, sino a las personas con las que comparte comunidad.
Como conciudadanos de esta gran y hermosa nación, debemos entender que no somos entes que vagan solitariamente buscando sus intereses personales y egoístas, sino que servimos a algo más grande que nosotros mismos, lo cual es una entidad de pertenencia a una sociedad.
Debemos estar atentos a nuestro caminar y actuar, si en donde nuestra individualidad y libertad tiene injerencia de forma positiva o negativa nuestros hermanos en sangre, autoanalizarnos en todos nuestros caminos, para comprobar si realmente estamos caminando todos juntos hacia una superación.
Antes de señalar a un culpable de este fenómeno, revisemos en nosotros qué impacto tiene, cómo es que esta ola de individualismo afecta a nuestras acciones y cómo estas dejan de estar regidas por un bien común, entre lo que es el bien y el mal sin la distorsión del libertinaje.
Los exhorto a un análisis consciente de qué lugar ocupan en nuestra sociedad y, cómo, conforme a las posibilidades de cada uno, influye ya sea de manera positiva o negativa; lleven su vista más allá de un futuro cercano simple, elévenlo a un propósito mayor comunitario.
No podemos decidir qué costumbres o procederes se nos heredan, ni qué impacto tienen en nuestras acciones, pero sí podemos decidir detener este ciclo e iniciar con un nuevo proceder, uno que contemple a todos y cada uno de nuestros compatriotas, desde el más pequeño al más grande.
