domingo, octubre 25, 2026
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Familias juarenses pierden nuevamente su patrimonio debido a las lluvias

El agua entró a las viviendas y, en algunos casos, alcanzó hasta dos metros de altura. Refrigeradores, lavadoras, muebles, colchones y demás pertenencias quedaron bajo el agua

by JRZnoticias
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— La lluvia se llevó lo que apenas habían reconstruido

— Llueve sobre mojado en Juaritos

Vaya fin de semana el que les tocó vivir a los juarenses, que pasaron de mirar caer el agua y el granizo a ver cómo sus calles se convertían en ríos y sus casas en albercas.

El cielo se soltó con toda su fuerza y agravó uno de los problemas más graves que padece Juaritos: la deficiente infraestructura de calles y avenidas, que desde hace demasiado tiempo espera una solución. Pero nomás nada, en el municipio no se ponen las pilas.

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Pero, como suele ocurrir cuando Tláloc se pone de malas, los que se llevaron la peor parte fueron cientos de familias del norponiente, particularmente de las colonias Fronteriza Baja, Sarabia y Gustavo Díaz Ordaz, entre otras.

Y aquí viene lo verdaderamente lamentable, varias de esas familias apenas comenzaban a recuperarse de los estragos que dejaron las lluvias del año pasado cuando, ¡zas!, otra vez el agua les echó abajo lo poco o mucho que habían logrado reconstruir.

Y es que la tormenta de agua y granizo no llegó precisamente a una zona preparada para recibir semejante cantidad de lluvia. El desbordamiento de uno de los diques que contienen las aguas pluviales terminó convirtiendo las calles en corrientes capaces de arrastrar vehículos, lodo y todo lo que encontraran a su paso. Una escena que, para quienes la padecieron, no tuvo nada de novedosa, aunque sí mucho de desesperante.

El agua entró a las viviendas y, en algunos casos, alcanzó hasta dos metros de altura. Refrigeradores, lavadoras, muebles, colchones y demás pertenencias quedaron bajo el agua.

También hubo daños en automóviles y afectaciones a mascotas. En cuestión de minutos, el patrimonio de muchas familias quedó convertido en una montaña de objetos inservibles y recuerdos empapados.

Y mientras las autoridades comienzan a levantar censos para calcular la magnitud de los daños, los damnificados tienen que resolver lo urgente: dónde dormir, cómo limpiar sus casas y de dónde sacar dinero para volver a empezar.

Las autoridades ya empezaron a anunciar que se entregarán apoyos emergentes, pero como siempre son insuficiente porque no hay apoyos que alcancen para reparar los daños de quienes, por segunda ocasión, se quedaron prácticamente con lo puesto.

Desde las inundaciones del año pasado hubo tiempo para revisar las condiciones de los diques, estudiar los escurrimientos, identificar los puntos vulnerables y plantear soluciones. Nadie puede exigir que las autoridades detengan la lluvia, pero sí que hagan su trabajo para reducir los riesgos y evitar que una tormenta termine convertida en una tragedia anunciada.

Y vaya que hubo señales suficientes para encender las alarmas. Varios vehículos fueron arrastrados por las corrientes del arroyo de Las Víboras hasta las inmediaciones del monumento al Cigarro.

¿Qué se hizo durante todo este año para evitar que la historia volviera a repetirse? Porque si cada temporada de lluvias trae consigo la misma emergencia, alguien tendrá que explicar por qué las soluciones siguen llegando después del desastre.

Eso sí, hay que reconocer que, una vez desatado el problema, distintas dependencias entraron en acción. La Junta Municipal de Agua y Saneamiento desplegó maquinaria y cuadrillas para retirar lodo, recuperar vehículos y reparar daños en la red de agua potable.

El Gobierno del Estado anunció apoyos emergentes para las familias afectadas, mientras el Municipio informó que la circulación se había restablecido y que continuaban los trabajos de atención.

Las retroexcavadoras, los camiones de volteo, los paquetes de limpieza y los colchones nuevamente se vieron en la zona afectada.

Vale destacar que también existe una responsabilidad compartida. Hay viviendas asentadas en zonas de alto riesgo y familias que, ante la falta de alternativas, terminan viviendo donde el agua busca naturalmente su camino.

Pero tampoco se vale cargarles toda la culpa a quienes construyeron su hogar donde pudieron. Las autoridades tienen la obligación de ordenar el crecimiento urbano, advertir sobre los peligros y ofrecer alternativas viables, no solamente aparecer cuando las casas ya están inundadas.

Lo que sigue, entonces, no debería limitarse a repartir apoyos, levantar censos y esperar a que se sequen las calles. Hace falta una revisión seria de los diques, los arroyos, los drenajes pluviales y las zonas habitacionales más expuestas. También urge establecer compromisos verificables, con responsables, plazos y recursos, para que la prevención no termine archivada en algún escritorio hasta la próxima tormenta.

Por fortuna, hasta el momento de los reportes citados no se habían informado pérdidas de vidas humanas. Eso es, desde luego, una buena noticia.

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