—Las lluvias inundan Juárez, pero la grilla tapa el desastre
— Estrada quiere etiquetar millones al drenaje pluvial de Juárez
En el ranking de alcaldes de octubre, Ciudad Juárez volvió a encender los focos amarillos. Y no precisamente por un operativo de seguridad, sino por los números que colocan a su presidente municipal, Héctor Ortiz Orpinel, en la posición 75 de 104 municipios evaluados por la empresa Rubrum.
Mientras en Chihuahua capital el alcalde René Chavira Venzor aparece en el segundo lugar nacional, con una calificación de 7.45, el edil juarense apenas alcanza 3.79 puntos. Más de tres puntos de diferencia entre dos municipios del mismo estado. ¡Vaya contraste!
Cruz Pérez Cuéllar le heredó una pésima estafeta al cuauhtemense Héctor Ortíz Orpinel que hace lo que puede con el poco margen de maniobra que le deja su jefe Pérez Cuéllar.
La encuesta, publicada el 27 de octubre, evaluó el trabajo y desempeño de los presidentes municipales. De acuerdo con Rubrum, el ejercicio se realizó mediante entrevistas telefónicas automáticas y aleatorias, con mil levantamientos por municipio y un margen de error de 3.8 por ciento.
Y aunque las encuestas son fotografías de un momento, la imagen que aparece para Juárez no es precisamente alentadora. La ciudad más poblada del estado de Chihuahua, con sus enormes desafíos en servicios públicos, infraestructura y seguridad, tiene a su alcalde en la parte baja de la tabla.
Del otro lado, Chihuahua capital presume una posición que contrasta con la de su vecino fronterizo. René Chavira aparece entre los primeros lugares, mientras Ortiz Orpinel tiene mucho terreno por remontar si pretende cambiar la percepción ciudadana.
No hay duda de que los juarenses no están ciegos y ven claramente las pocas acciones de un gobierno rabón que no llena las expectativas de la ciudadanía, que, dicho sea de paso, tendrá memoria en la jornada electoral del próximo año.
Hora le toca a Ortíz Orpinel meterle nitro a las acciones de gobierno para cambiar esa fotografía que le afecta directamente al candidato de Morena a la gubernatura de Chihuahua Cruz Pérez Cuéllar.
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No cabe duda de que el “desmadre” nacional le está cayendo como anillo al dedo a Héctor Ortiz Orpinel, el alcalde cuauhtemense de Ciudad Juárez. Y es que, mientras los reflectores se los llevan las broncas políticas del estado y del país, en la frontera el caos también hace de las suyas, pero con menos cámaras encima.
Y es que las pasadas lluvias y el granizo dejaron su regalito: inundaciones, baches por montones, socavones, semáforos descompuestos, calles cubiertas de tierra de arrastre, obras que no terminan y viviendas con daños que ahora enfrentan los fronterizos.
Por si fuera poco, los automovilistas también hacen cuentas. Quienes no tienen seguro tendrán que rascarse el bolsillo para reparar sus vehículos; quienes sí lo contrataron pueden terminar atrapados en la burocracia de las aseguradoras. ¡Vaya panorama!
Los que perdieron cosas en sus viviendas afectadas por las lluvias también enfrentan las broncas.
Y mientras tanto, el Ayuntamiento tiene una ventaja nada despreciable: la agenda pública anda ocupada en otros pleitos. Entre declaraciones, acusaciones y jaloneos políticos, los problemas cotidianos de Juárez corren el riesgo de quedar sepultados bajo el lodo… literalmente.
Pero como dice el clásico, “no hay mal que por bien no venga”, y pronto se le terminará al municipio la buena suerte.
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En el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada encontró en las inundaciones de Juárez una buena oportunidad para sacar la calculadora política y un filón de oro eminentemente político.
El coordinador de Morena propone destinar los 5 mil 100 millones de pesos que, según sus cifras, genera la frontera por impuesto sobre nómina durante un año, a construir el drenaje pluvial de juaritos. Suena bonito, pero el asunto tiene más hoyos que las calles después de las tormentas.
Porque, a ver, ¿de verdad Estrada desconoce que las responsabilidades sobre el drenaje dependen del tipo de cuenca y de las competencias de cada autoridad?
Las cerradas corresponden al ámbito municipal, mientras que las obras vinculadas con cuencas federales requieren la intervención de la Federación. El problema, pues, no se resuelve con un discurso de tribuna.
Y hay más. Si la cifra que presume el morenista es correcta, sacar de golpe semejante cantidad de las arcas estatales pegaría directamente al presupuesto de Chihuahua. Además, una obra de esa magnitud no se construye con una varita mágica ni se mantiene sola: necesita planeación, inversión multianual y recursos permanentes para evitar que termine convertida en otro elefante blanco.
Eso sí, tampoco se trata de batear la propuesta nomás porque viene de Morena. Juárez necesita soluciones, no otra temporada de acusaciones entre partidos.
La pregunta es si Estrada busca resolver el problema o ganar puntos políticos con el agua hasta el cuello. Porque, si PAN y Morena dejaran de echarse la bolita y se sentaran a negociar, quizá encontrarían una fórmula presupuestal más realista.
