lunes, junio 15, 2026
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Canción de cuna para un Mundial

by EdiciónJuárez
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Por Pbro. Carlos Muñoz Caselin

En estos días en que México es nuevamente sede, de la emoción de un Mundial de fútbol, conviene reflexionar sobre algo que parece menor, pero no lo es: la canción oficial que pretende acompañar ese momento. Un himno deportivo no es solo música de fondo. Es bandera, es grito, es memoria. Debe levantar el pecho del aficionado, encender la tribuna y recordarnos que este pueblo, con todas sus heridas, sigue teniendo coraje para competir, caerse y volverse a levantar. Por eso llama tanto la atención que, frente a un evento que pide fuerza, garra y orgullo, se nos presente una canción que suena más a canción de cuna que a himno mundialista. No transmite estadio, ni barrio, ni selección, ni esa mezcla de nervio y alegría que el futbol despierta en México. Parece hecha para arrullar, no para empujar a un equipo. En un Mundial no se arrulla a nadie: se pelea, se sueña y se sufre con el corazón en la mano.

La fuerza que se ha invisibilizado.

México es un país que ha aprendido a luchar desde abajo. El mexicano sabe lo que es madrugar, trabajar sin aplausos, cruzar la vida con esfuerzo y sacar adelante a su familia aun cuando el panorama no ayuda. Esa cultura de valentía merecía una canción con garra, con tambor, con coro de pueblo, con esa energía que hace que una cancha se vuelva casa. En cambio, lo que se escucha es una pieza tibia, pequeña, casi somnolienta. Aquí está la primera contradicción: se quiere representar a México con una música que no se parece al temple de los mexicanos.

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Un tema irreal.

La historia de una niña que quiere jugar futbol y debe enfrentar prejuicios pudo haber tenido cierto sentido en algún tiempo lejano. Pero hoy suena vieja, como si hubiera sido escrita mirando algún país musulmán. En México hay niñas que juegan, mujeres que compiten, ligas, afición y talento femenil que compite dentro de su propia categoría. Presentar el futbol como si en México este deporte estuviera prohibido para las mujeres es tergiversar la realidad. No se honra a las mujeres mintiendo sobre la realidad de nuestro país.

La agenda por encima del pueblo.

Lo más grave no es que la canción sea floja. Lo más grave es lo que deja ver: una mirada woke, cansada y previsible, que necesita fabricar víctimas y victimarios para sentirse profunda. Ahí se generaliza al padre de familia como figura atrasada, al varón como obstáculo, la familia como elemento discriminador. Ese feminismo de escritorio no conoce bien a México. No ve a los padres que llevan a sus hijas a entrenar, a las madres que pagan uniformes con sacrificio, a los hermanos que echan porras, a las familias que hacen milagros con poco. Prefiere la caricatura ideológica antes que la verdad de la calle.

También hay que decirlo con claridad: Lo obsoleto no está en defender a las niñas, sino en hacerlo con un libreto gastado y con premisas falsas. El país no necesita que le expliquen, con una canción de kinder, que una mujer puede patear un balón, competir y ganar. Eso ya lo saben las canchas, las escuelas, los llanos y las familias. Lo que falta no es una canción que repita consignas, sino una que celebre el esfuerzo real de quienes tienen la misión de representar a un gran país como lo es México. No hace falta disfrazar de revolución lo que el pueblo ya vive con naturalidad en sus canchas y en sus casas. Así de simple.

Una canción para un Mundial debería unir, no regañar a la sociedad. Debe hacernos sentir parte de algo más grande, no meter con calzador una ideología política que nadie pidió. México no necesita que le canten con complejo de superioridad moral. México necesita una voz que reconozca y represente su fuerza, su alegría, su fe, su entrega, su garra y su manera tan propia de resistir y superar los peores obstáculos.

Que esta reflexión sirva para recordar que los símbolos importan. Un himno mundialista no puede nacer de una desfasada moda ideológica ni de una agenda política. Debe nacer del pueblo, de su ruido, de su esperanza y de su valentía. Porque México no recibe el Mundial para dormirse ni para arrullar a sus visitantes con una canción de cuna. México recibe a todos con la hospitalidad de siempre, pero también esta, como siempre, dispuesto a volver a soñar despierto y a competir con toda su alma.

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