Por Luis Sandoval
Hechos alarmantes han ocurrido en estos días; sucesos que atentan contra la soberanía mexicana, socavan la credibilidad del Gobierno Federal y demuestran que el país se encamina hacia un desastre de gestión sin precedentes. Me refiero al reciente derrame de petróleo en el Golfo de México y a la alarmante situación en la refinería de Dos Bocas.
Ante el derrame, el Gobierno Federal ha mostrado una indiferencia que raya en lo criminal. Escuchar a la gobernadora de Veracruz calificar el desastre como “unas cuantas gotas” es un insulto a la realidad: un derrame de esta intensidad afecta directamente a las costas mexicanas, golpea a las comunidades pesqueras y devasta nuestros ecosistemas. No son gotas; es el patrimonio natural de México el que se está perdiendo por pura negligencia.
Por otro lado, la realidad en la refinería de Dos Bocas es sangrienta. Desde su arranque operativo en 2024, el complejo acumula al menos cinco emergencias relevantes; de las cuales, cuatro han sido incendios o conatos que han dejado un saldo trágico de ocho personas muertas y un lesionado. Apenas hace tres semanas, la refinería sufrió una inundación y se registró una explosión que costó la vida a cinco trabajadores. Esto se suma a incidentes previos, como el del pasado 23 de enero, cuando Pemex reportó un conato derivado de la “pérdida de contención en una línea de descarga”.
Estos no son “incidentes menores”. Hablamos de fallas sistémicas que están costando vidas humanas. Esta cadena de errores y el secretismo oficial me hacen recordar inevitablemente al desastre de Chernóbil. Aquella fue la mayor catástrofe ambiental provocada por un gobierno inepto; un régimen socialista que intentó, por todos los medios, ocultar la verdad para que no saliera a la luz el mayor fallo nuclear de la historia.
Hoy, al observar la opacidad y la minimización de las muertes en nuestra industria petrolera, queda claro que cualquier parecido con el gobierno de Claudia Sheinbaum no es mera coincidencia. La historia nos ha enseñado que cuando la ideología política ignora la técnica y la seguridad operativa, el costo no lo pagan los políticos en sus oficinas, sino los trabajadores con su vida y la nación entera con su futuro.
Han pasado 40 años desde aquel desastre nuclear y la historia nos dejó una lección clara: los regímenes que priorizan la ideología sobre la verdad técnica terminan colapsando bajo el peso de sus propios escombros. Hoy, es imperativo que cada mexicano reflexione sobre la urgencia de cambiar el rumbo de este gobierno.
Bajo el cobijo de lemas como “primero los pobres” o “el pueblo de México”, se oculta una gestión que atenta contra nuestra soberanía y seguridad. No podemos permitir que la negligencia se convierta en la norma. Permitir que un gobierno inepto permanezca en el poder bajo el disfraz de la justicia social no solo es un error político, es un riesgo existencial: si no hay eficiencia y verdad en la administración, llegará el día en que no quede pueblo mexicano que defender.
