Parece que el subsecretario de Innovación y Desarrollo Económico del Gobierno del Estado (SIDE), Fernando Alba, anda estrenando discurso de futuro.
En estos días el funcionario estatal anduvo aquí en estas tierras fronterizas haciendo su trabajo de visibilizar las bondades de juaritos, y de paso destacando el trabajo del gobierno marucampista en el terreno de desarrollo económico.
Ahora resulta que Juárez quiere meterse, con todo y bata llena de grasa, al club de los semiconductores, los servidores, la inteligencia artificial y la nueva economía tecnológica de Norteamérica, aseguró Alba durante una conferencia de prensa que ofreció en Pueblito Mexicano. Suena bien. Suena grande. Suena, incluso, histórico.
Pero como en política económica los anuncios suelen venir con confeti por delante y letra chiquita por detrás, conviene bajar tantito la música y revisar qué hay debajo de la narrativa de los funcionarios de la SIDE.
Vale destacar que el gobierno estatal trae dos cartas sobre la mesa: Inventec, con una inversión anunciada de 450 millones de dólares y 8 mil empleos, y Pegatron, con otros 300 millones de dólares y mil empleos más.
En números redondos, 750 millones de dólares y 9 mil puestos prometidos en apenas un par de meses. Cualquiera diría que la frontera está a punto de estrenar época dorada. Y puede ser.
Pero una cosa son los empleos anunciados en conferencia, otra los empleos realmente creados y otra, muy distinta, los empleos bien pagados que cambian la vida de una familia juarense.
Porque ahí está el detalle. El discurso oficial habla de una nueva piel industrial para Juárez: menos dependencia del automóvil, más electrónica, servidores, cómputo avanzado y cadenas ligadas a la inteligencia artificial. En papel, la idea entusiasma.
Juárez ya no quiere ser sólo el taller de Norteamérica; quiere ser parte del cerebro tecnológico de la región.
El problema es que para llegar a ese nivel no basta con cortar listones ni que la gober Maru Campos reciba ejecutivos extranjeros con fotografía protocolaria.
Se necesita energía suficiente, agua disponible, movilidad decente, vivienda para los trabajadores, técnicos especializados, ingenieros, proveedores locales y una estrategia que no se quede en el power point.
El caso del Polo de Desarrollo de Santa Teresa es perfecto para medir el tamaño de la contradicción. Se habla de 60 hectáreas, de incentivos fiscales, de nuevas empresas y de una ubicación estratégica junto al cruce fronterizo. Todo muy vendible.
Pero el propio proyecto todavía aparece atorado en algo tan básico como la infraestructura eléctrica, incluida una fianza cercana a 85 millones de pesos que depende de gestiones ante los tortuosos de la 4T.
O sea: queremos ser polo de semiconductores, pero seguimos preguntando quién pone los energéticos. Y eso, dicho coloquialmente, no es un detalle menor; es el enchufe de todo el sueño.
Además, hay una pregunta que incomoda, pero debe hacerse: ¿cuánto de toda esa riqueza se va a quedar realmente en Juárez? Si llegan plantas enormes, pero importan maquinaria, componentes, tecnología, proveedores y hasta conocimiento, el beneficio local puede terminar reducido a empleo operativo y poco más.
El verdadero salto no está en que una multinacional instale una nave industrial; está en que alrededor de ella crezcan empresas juarenses, técnicos juarenses, ingenieros juarenses y salarios que sí se noten en la mesa de las familias. Y sobre todo en el desarrollo de la proveeduría, que, dicho sea de paso, no pasa del 4 por ciento.
De lo contrario, tendremos una maquila con vocabulario futurista, pero con problemas muy parecidos a los de siempre.
También está el asunto del talento. No se puede vender una revolución tecnológica con los mismos rezagos educativos, el mismo déficit de transporte, las mismas colonias sin servicios suficientes y la misma planeación urbana que siempre llega tarde. La industria corre a velocidad de chip; la ciudad, muchas veces, avanza a paso de trámite.
Así que sí: Juárez tiene enfrente una oportunidad enorme. Sería mezquino negar la relevancia de inversiones como las de Inventec y Pegatron.
Pero también sería ingenuo comprar completo el relato triunfalista sin exigir respuestas. ¿Cuántos empleos serán reales? ¿Cuánto pagarán? ¿Cuántos proveedores serán locales? ¿Habrá energía, agua, vivienda y transporte suficientes? ¿El Polo de Desarrollo será un ecosistema tecnológico o sólo otro parque industrial con nombre elegante?
