Por: José González Cereceres
Actualmente los jóvenes están viviendo situaciones muy diferentes a las que muchos de nosotros vivimos algunas décadas atrás, están inmersos en una sociedad mexicana que ha padecido un aumento de la violencia y la inseguridad durante varios lustros, fruto de guerras entre grupos de la delincuencia organizada y enfrentamientos armados contra autoridades de seguridad pública en nuestro país; esto, a consecuencia de erróneas políticas públicas y de seguridad, donde la corrupción, y la incongruencia entre el discurso y las acciones de varios de los políticos mexicanos han influido enormemente en el incremento de estos índices de inseguridad que nos aquejan, recordemos aquella famosa frase de “abrazos y no balazos”, esto en el discurso, mientras que en los hechos afloraban casos de corrupción de los gobernantes en turno.
Aunado al aumento de la violencia y la inseguridad, una de las situaciones más importantes que influyen en la conducta y desempeño de los jóvenes en nuestro país, son las diversas problemáticas que enfrentan en su seno familiar, en donde lo óptimo sería que encuentren seguridad, protección, amor y una formación sólida en valores, pero tristemente, muchas veces no sucede así, por el contrario, en varios de los casos pareciera que donde encuentran una mayor incomprensión e inseguridad es al interior del círculo familiar.
Además de la inseguridad pública y de las diferentes problemáticas familiares a las que se enfrentan gran cantidad de jóvenes, es importante señalar el impacto que tuvo la pandemia del COVID-19, el encierro, y la escaza socialización de los jóvenes de forma presencial como medida para frenar el contagio de dicha enfermedad, afectó el desarrollo psicológico y socioemocional en varios de ellos, esto, según diversos estudios publicados en revistas científicas alrededor del mundo.
Estas son solo tres problemáticas en nuestra sociedad, que han impactado sin duda alguna la forma en que se relacionan los jóvenes con otras personas y el desempeño en las actividades diarias que llevan a cabo. A consecuencia de esto, varios de ellos padecen problemas socioemocionales frecuentes y recurrentes, como depresión, trastornos de ansiedad, estrés, acoso escolar y/o sexual, dificultad para controlar sus emociones, entre otras situaciones que lamentablemente cada vez son más comunes en nuestra sociedad actual, como el consumo de drogas legales e ilegales por los jóvenes.
La importancia de atender la forma en que nuestras y nuestros jóvenes manejan y controlan sus emociones, radica en que ellas y ellos serán quienes nos representen y atiendan en un futuro no muy lejano. Ellas y ellos serán los futuros médicos, periodistas, empresarios, banqueros, policías, maestros, amas de casa, políticos, etc, es decir, serán sin duda alguna la fuerza que sostenga a nuestra nación, y seguro estoy que a todas y todos nosotros nos gustaría que nos atiendan y nos representen lo mejor posible; que nuestras hijas e hijos, nietas y nietos tengan la mejor educación, que los médicos estén lo mejor preparados, que los políticos se conduzcan en un marco de valores fundamentales para generar y obtener la confianza y el respaldo de la sociedad.
En general sea cual sea la profesión o actividad que desempeñen cada uno de ellos, lo realicen no solo con los conocimientos, habilidades y destrezas técnicas necesarias para hacer bien las actividades que a cada uno les toque desarrollar en su vida y en su comunidad, sino que además, sean jóvenes que se desempeñen con un alto nivel de valores, como la responsabilidad, honestidad, humildad, perseverancia, resiliencia, y sobre todo respeto a la dignidad humana.
Además de todo esto, cabe señalar que un joven que no sabe o no puede controlar y manejar sus emociones, es más propenso a que se encuentre en situaciones de riesgo o se pueda ver involucrado en problemas que lo alejen de sus metas y objetivos en la vida, incluso en algún riesgo que lo lleve a tener conflictos con la ley.
Por esto y otras tantas cosas es sumamente importante que desarrollemos y fortalezcamos las habilidades socioemocionales en nuestros jóvenes, que les permitan estar sanos y fuertes emocionalmente, incrementando con esto las probabilidades de que puedan mejorar su calidad de vida y las de sus familias, impactando sin duda alguna en la construcción de un mejor México.
