Por un momento, el fuego volvió a encender algo más que vehículos en Ciudad Juárez: encendió los malos y triste recuerdos.
Ocho automóviles incendiados durante las últimas horas fueron suficientes para que más de uno volteara hacia atrás y recordara aquellos años en los que quemar carros, negocios y viviendas era una manera bastante efectiva —y brutal— de sembrar miedo entre los fronterizos.
Y es que los juarenses ya conocen esa película. No quieren otra temporada.
Durante la madrugada, cinco vehículos de la agencia MG de la avenida Ejército Nacional terminaron convertidos en chatarra. No fueron cuatro, como se manejó inicialmente, sino cinco unidades modelo 2026, todas con daños totales.
Lo curioso —y aquí está una de las claves de la investigación— es que las cámaras de seguridad captaron a una sola persona caminando hacia los automóviles. De pronto aparece el fuego y el individuo simplemente continúa su camino, como si hubiera terminado un trámite.
Ni convoy, ni grupo armado, ni espectáculo cinematográfico. Al menos eso muestran, hasta ahora, los videos.
La Fiscalía encontró además un garrafón rojo con la leyenda “gasoline”. Los vehículos fueron asegurados y trasladados a un corralón mientras los investigadores intentan armar el rompecabezas.
Y aunque algunos ya quisieran colocarle inmediatamente la etiqueta de “crimen organizado”, las autoridades municipales han descartado, hasta el momento, esa hipótesis.
Adrián Sánchez, vocero de la Policía Municipal, aseguró que no existen indicios de que los incendios estén relacionados con grupos criminales. Incluso se investiga la posible participación de personas vinculadas con otros incendios registrados recientemente.
Por su parte, Carlos Ortiz, representante de la gobernadora Maru Campos en Juárez, confirmó que existe una línea de investigación que apunta hacia un solo responsable.
Hasta ahí, los datos.
Pero el problema político y social va un poco más allá.
Porque en Juárez el miedo tiene memoria.
Durante los años más violentos de la ciudad, la quema de vehículos fue utilizada como mecanismo de intimidación, extorsión y cobro de cuotas. Aquellas imágenes quedaron grabadas en la memoria colectiva de una ciudad que aprendió, a fuerza de tragedias, que un automóvil ardiendo podía ser mucho más que un automóvil ardiendo.
Por eso no resulta extraño que ocho vehículos incendiados en pocas horas hayan provocado inquietud.
La autoridad dice que no hay relación con el crimen organizado. Perfecto. Ahora falta demostrarlo y, sobre todo, encontrar al responsable.
Porque si se trata de una venganza de exempleados, de un pirómano, de un conflicto personal o de cualquier otra razón, la sociedad tiene derecho a saberlo.
Lo que nadie quiere es que el fuego se convierta nuevamente en mensaje.
Juárez ya tuvo suficiente de eso.
Y bastante caro le salió aprenderlo.
