Por Jesús García Galaviz
El pasado 8 de septiembre de 2026, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público entregó al Congreso el Paquete Económico 2027: los Criterios Generales de Política Económica (CGPE), la Ley de Ingresos de la Federación y el Proyecto de Presupuesto de Egresos. Como ocurre cada año, el documento se presentó con el tono de siempre responsabilidad fiscal, finanzas sanas, “no habrá nuevos impuestos” y, como ocurre cada año, la pregunta relevante no es qué dice el paquete sobre sí mismo, sino qué dice al compararlo con el que lo precedió. El de 2026 prometía una senda de consolidación del déficit. El de 2027 confirma que esa senda se retrasó, y lo hace mientras introduce supuestos de crecimiento que, de nuevo, superan a los del consenso de analistas privados.
Vale la pena mirar los números uno junto al otro antes de entrar al fondo del argumento:
| Indicador | PE 2026 | PE 2027 | Lectura |
| Crecimiento del PIB (rango oficial) | 1.8% – 2.8% | 1.5% – 2.5% | Rango oficial se ajusta a la baja; sigue por encima del consenso privado. |
| RFSP (déficit amplio) | 4.1% del PIB | 3.9% del PIB | Mejora marginal de 0.2 puntos. |
| SHRFSP (deuda amplia) | 52.3% del PIB | 55.0% del PIB | Aumenta 3.6 puntos; seguirá subiendo hasta 56.5% en 2032. |
| Ingresos tributarios (% del PIB) | ≈12.9% | 15.9% (máximo histórico) | Crecimiento apoyado en fiscalización e IEPS, Cambios en el RESICO, topes a deducciones, y amortizaciones de pérdidas fiscales, no en nuevos impuestos. |
| Precio del petróleo (mezcla mexicana) | US$54.9/barril | US$61.8/barril | Sube el supuesto, aunque el ingreso petrolero cae 20.8%. |
| Tipo de cambio supuesto | 19.3 pesos/dólar | 18.0 pesos/dólar | Apreciación que no depende de política fiscal mexicana. |
| Inflación objetivo (dic/dic) | 3.0% | 3.0% | Sin cambio entre ambos paquetes. |
| Presupuesto de inversión física | Base de comparación | –12.3% real | La variable de ajuste preferida para contener el déficit. |
Crecimiento: la misma apuesta optimista, con la vara ligeramente más baja
El Paquete 2026 proyectó un crecimiento del Producto Interno Bruto de entre 1.8% y 2.8% para ese año. El Paquete 2027 ajusta el rango hacia abajo, a 1.5% y 2.5%. La corrección es reveladora: reconoce, sin decirlo abiertamente, que la economía mexicana no está creciendo al ritmo que Hacienda anticipaba doce meses atrás. Las estimaciones de consenso de analistas privados (Reuters, entre otros) han ubicado el crecimiento real de 2026 cerca de 1.1%, es decir, por debajo incluso del piso que el propio gobierno había fijado, y proyectan apenas 1.8% para 2027 el límite inferior, no el punto medio, del rango oficial.
Esto no es un matiz técnico. Significa que, por segundo año consecutivo, el ancla de todos los demás cálculos del paquete ingresos esperados, relación deuda/PIB, espacio de gasto descansa sobre un supuesto de crecimiento más optimista que el que comparte la mayoría de quienes no tienen que defender el presupuesto ante el Congreso.
Déficit y deuda: la meta que se mueve en la dirección equivocada
Aquí está el núcleo del problema. El indicador más amplio de déficit público en México, los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) que a diferencia del déficit presupuestario tradicional incluye los faltantes de Pemex, la banca de desarrollo y otros vehículos fuera de presupuesto, se proyectó en 4.1% del PIB para 2026. Para 2027, el CGPE lo reduce a 3.9%, una mejora de dos décimas que Hacienda presenta como evidencia de disciplina.
El problema aparece en la otra variable, la que realmente importa para la sostenibilidad de largo plazo: el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP), la medida más amplia de deuda pública. En el paquete de 2026 se estimó en 52.3% del PIB. Para 2027, la propia Secretaría de Hacienda proyecta que alcanzará 55.0% del PIB un salto de 3.6 puntos porcentuales en un solo año y que seguirá subiendo hasta 56.5% del PIB hacia 2032. Es decir: el déficit anual baja marginalmente, pero la deuda acumulada no deja de crecer, y lo hace a un ritmo que el propio documento oficial reconoce y proyecta hacia la década siguiente.
El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) ha señalado en su análisis del paquete que la reducción del RFSP resulta insuficiente frente a la trayectoria de la deuda, y que el ritmo de consolidación fiscal anunciado no es consistente con estabilizar y menos revertir el peso de la deuda sobre el PIB en el mediano plazo. En otras palabras: se está administrando el síntoma (el déficit de un año) sin resolver la enfermedad (la trayectoria estructural de la deuda).
Ingresos: más recaudación, cero impuestos nuevos, mismo mecanismo de siempre
El eslogan se repite paquete tras paquete: “no se crearán nuevos impuestos ni se aumentarán las tasas generales”. Es cierto en el sentido estricto no hay una reforma fiscal formal, y a la vez es la parte del discurso que exige más escrutinio, porque la recaudación tributaria proyectada sí crece, y crece de forma notable.
Los ingresos tributarios totales para 2027 se estiman en 6.26 billones de pesos, equivalentes a 15.9% del PIB, lo que el propio gobierno describe como un máximo histórico. Para contexto: en el Paquete 2026 la proporción rondaba 12.9% del PIB. El salto se explica, según el propio documento, por la combinación de tres mecanismos que no requieren pasar por el Congreso como una reforma fiscal: el fortalecimiento de la fiscalización (combate a la facturación de operaciones simuladas, los llamados esquemas EFOS), ajustes técnicos al ISR empresarial como reducir el límite de deducción de intereses de 30% a 20% de la utilidad fiscal ajustada, y extender la amortización de pérdidas fiscales de 10 a 20 años, y el aumento del IEPS aplicado a gasolinas, cuya recaudación proyectada crece 16.2% en términos reales.
¿Es esto sostenible como estrategia recaudatoria de mediano plazo? Es la pregunta que el paquete no responde. Fiscalizar mejor tiene un límite natural: una vez que se cierran los esquemas de evasión más visibles, el margen de mejora se reduce año con año, mientras que la meta de recaudación sigue subiendo. Apostar la ampliación de la base tributaria casi exclusivamente a la administración tributaria, sin tocar tasas ni ampliar formalmente la base gravable en un país donde la informalidad laboral ronda el 54% de la población ocupada, es una estrategia con rendimientos decrecientes por diseño.
El entorno externo: menos controlable en 2027 que en 2026
Dos variables del lado de los supuestos macroeconómicos merecen atención adicional porque dependen de factores que México no controla.
El precio del petróleo se proyectó en 54.9 dólares por barril para la mezcla mexicana en el paquete de 2026; para 2027 el supuesto sube ligeramente a 61.8 dólares por barril, incluso cuando los ingresos petroleros totales proyectados caen 20.8% respecto al año anterior por la combinación de menor producción y la transición de los ingresos públicos hacia fuentes no petroleras. El tipo de cambio supuesto pasa de 19.3 pesos por dólar (2026) a 18.0 pesos por dólar (2027), una apreciación que no depende de ninguna política fiscal mexicana, sino del diferencial de tasas con Estados Unidos y del apetito global por activos de mercados emergentes.
Más relevante aún es el contexto comercial. Mientras se preparaba el Paquete 2027, México y Estados Unidos sostenían ya una tercera ronda de revisión bilateral del TMEC, en un ambiente donde la amenaza arancelaria de la administración Trump y la exigencia de renegociaciones casi anuales en lugar del marco de largo plazo que el tratado debía ofrecer hasta 2036 han erosionado la certidumbre que atraía inversión productiva a México. Las exportaciones automotrices cayeron 9.2% interanual en junio de 2026 y la actividad industrial se contrajo en el mismo periodo. Ese es el entorno real sobre el cual descansa el supuesto de que México crecerá hasta 2.5% en 2027.
Lo que no cambia entre un paquete y otro
Conviene decir también lo que permanece idéntico de 2026 a 2027, porque revela los límites estructurales del margen de maniobra fiscal del país: la meta de inflación sigue en 3.0% anual en ambos paquetes; el gasto social y los programas insignia del gobierno pensión universal para adultos mayores, becas Rita Cetina, apoyos a jóvenes siguen creciendo en términos nominales y absorbiendo una proporción creciente del gasto programable; y la estrategia de contención del déficit sigue recayendo, año tras año, en recortes a la inversión física antes que en ajustes al gasto corriente o a las transferencias. El Paquete 2027 proyecta una reducción de 12.3% en el presupuesto de inversión respecto al año anterior la variable de ajuste de siempre, precisamente la que más incide en el crecimiento potencial de mediano plazo que el propio paquete dice perseguir.
OPINIÓN: ¿Qué tan viable es este paquete frente a la realidad de México y del mundo?
Como ejercicio de comunicación política, el Paquete Económico 2027 cumple su función: anuncia disciplina sin anunciar impuestos, reduce el déficit de la métrica que más se discute en la prensa (el RFSP) y presenta una meta de inflación estable. Como ejercicio de planeación fiscal responsable frente a la trayectoria real de la deuda pública mexicana, el paquete es, en mi lectura, insuficiente, y lo es por razones que no son nuevas, sino acumuladas.
Primero, el supuesto de crecimiento sigue sin corregirse en la dirección correcta. Que el rango oficial (1.5%2.5%) se ubique sistemáticamente por encima del consenso de mercado (que para 2027 ronda 1.8%, justo el límite inferior del rango) no es un error aislado: es un patrón que se repite paquete tras paquete y que tiene una consecuencia mecánica. Si el PIB crece menos de lo proyectado, los ingresos tributarios por más que la fiscalización mejore crecen menos de lo presupuestado, y el déficit real termina por encima del déficit anunciado. Esto no es una hipótesis: es, con matices, lo que ha ocurrido en ejercicios fiscales recientes, y es la razón por la cual organizaciones como el CIEP y México, ¿cómo vamos? han documentado de forma consistente que las metas de consolidación fiscal mexicanas se incumplen más de lo que se cumplen.
Segundo, la estrategia de “no nuevos impuestos, más fiscalización” tiene un techo que el paquete no reconoce. Ha funcionado la recaudación como proporción del PIB en efecto ha subido de forma sostenida en los últimos años, pero cada punto adicional de mejora administrativa es más difícil de obtener que el anterior, mientras que las presiones de gasto (pensiones, salud, seguridad, servicio de la deuda) crecen de forma casi automática. Un país con más de la mitad de su fuerza laboral en la informalidad no puede sostener indefinidamente el crecimiento de sus ingresos públicos solo auditando mejor a quienes ya están dentro del sistema formal. Tarde o temprano, esa conversación ampliar la base gravable, no solo fiscalizarla mejor tendrá que darse de manera explícita, y entre más se postergue, más abrupto será el ajuste cuando llegue.
Tercero, y quizás lo más importante: el paquete se diseñó para un mundo que ya no es el de hace cinco años. La certidumbre comercial que explicó buena parte del crecimiento económico mexicano de la última década el acceso preferencial al mercado estadounidense bajo un tratado de largo plazo se ha convertido en un proceso de renegociación casi anual, sujeto al humor político de Washington y a la amenaza arancelaria como herramienta de negociación permanente. Ningún supuesto macroeconómico de un documento de política fiscal doméstica puede aislarse de esa realidad. Si la inversión extranjera directa orientada a manufactura de exportación el motor que sostuvo el optimismo del “nearshoring” hasta hace poco sigue en modo de espera mientras se resuelve el futuro del TMEC, el rango de crecimiento de 1.5%2.5% para 2027 es, en el mejor de los casos, optimista, y en el peor, una apuesta política más que una proyección técnica.
Mi conclusión es que el Paquete Económico 2027 no es fiscalmente irresponsable en el sentido de estar fuera de control México no enfrenta una crisis de deuda inminente y las calificadoras, incluida Fitch, han mantenido su perspectiva, pero sí es un paquete que administra la apariencia de la consolidación fiscal más que la consolidación misma. La deuda como proporción del PIB seguirá subiendo al menos hasta 2032 según las propias proyecciones oficiales; la recaudación seguirá dependiendo de un mecanismo con rendimientos decrecientes; y el crecimiento económico del que depende todo lo demás está más expuesto que nunca a decisiones que se toman en Washington, no en Palacio Nacional. La responsabilidad fiscal real no se mide por lo que un paquete económico dice que no hará (subir impuestos), sino por si sus supuestos resisten el contacto con una economía mundial que, en 2027, le ofrece a México menos certezas que las que tenía cuando se diseñó el paquete de apenas un año atrás.
