lunes, enero 26, 2026
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Resentimiento Social en México

by Ana Villalba
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Por: José I. Cepeda

México viene presentando en forma ascendente desde hace varias décadas, una serie de problemas sociales que tienen postrado al país en el caos.  Tanto analistas políticos nacionales como extranjeros visualizan el establecimiento de una dictadura similar a la establecida en varios pases hermanos de Latinoamérica.

Inseguridad y violencia galopante, corrupción, injusticia, pobreza, sistema de salud deficientes, baja calidad educativa y estrategias económicas que generan mayor pobreza en la población, especialmente en la clase media, son solo algunos ejemplos de lo que vivimos como mexicanos.

Si bien es cierto que la corrupción que impera en todos los niveles de gobierno y fuera de la cultura de la legalidad, también la sociedad se ha visto dispuesta a aceptar esta forma para lograr el beneficio en sus trámites desde los mas básicos hasta los más complicados, esto nos lleva a pensar que’ es lo que determina a una persona el inclinarse por una mala conducta sabiendo que afecta el desarrollo del país.  Reza malamente el dicho “el que no tranza no avanza”.

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No se puede generalizar esta nocivo comportamiento y se reconoce la calidad cívica y honradez de millones de mexicanos, mas la realidad nos muestra que la mayoría de los votantes mexicanos han estado emitiendo su conformidad con tendencias políticas que lejos de hacer de México un país mas prospero, lo debilitan y lo destruyen.

Que lleva a un mexicano a comportarse en contra de su cultura,  su desarrollo y del beneficio comunitario; la respuesta en parte esta en el “resentimiento”.

De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el resentimiento es un sentimiento persistente de hostilidad, rencor o amargura hacia alguien, derivado de considerarse maltratado, ofendido o víctima de un perjuicio por parte de otra persona.

Moralmente se describe como una raíz de amargura que contamina al ser y lo aleja de la paz. Y es aquí donde reconocemos la actitud que vulnera el avance progresivo de los mexicanos hacia el respeto a las leyes y a la constitución.

Entendemos claramente que las clases desprotegidas, las más pobres, han vivido desde mucho tiempo, la falta de justicia para proveerles de lo necesario y sacarlos paulatinamente de su estrato social y cambiar sus condiciones económicas y educativas.

Sin embargo, manipulados por pesado líderes corruptos que lejos de verdaderamente ayudarles a su desarrollo y porvenir económico e igualmente aprovechándose de su ignorancia,  alimentan el odio de la lucha de clases e incrementan el resentimiento hacia cualquier persona que tenga mejor nivel de vida.

Este fenómeno manipulativo lo vemos en gremios sindicales, cooperativas, lideres políticos y candidatos a elección popular que se olvidan de la finalidad fundamental de la política: El bien Común.

El resentimiento se ha impregnado en la conducta particular del ciudadano que quiere tener beneficios de toda índole y se molesta cuando alguien más lo logra y no es el.

Su resentimiento es una manifestación de la soberbia que destruye el alma y amarga la conducta hacia los demás. Lo vemos hoy en la política, en la que Reyna la voluntad del más fuerte y todos quieren ser el monarca, el que manda y todos deben de cuadrarse a sus propuestas; se han olvidado del sentido objetivo de la democracia que tanto pregonan en sus discursos.

México está dividido entre sus ciudadanos, entre los políticos y entre los gobernantes. Teniendo una Constitución que nos rige y que nos provee de garantías individuales, está muy lejos de ser, por las modificaciones que se le hacen y que sigue pretendiendo hacer, un proyecto de nación a la que todos deberíamos de encaminarnos como lo sonaron nuestros he ‘roes independentistas y aquellos que lucharon en la revolución.

Tenemos que luchar si, por los más pobres, para sacarlos de su miseria, pero no a costa de la clase media que tiende a desaparecer por la inseguridad y  los pocos incentivos de desarrollo económico, para finalmente tener más pobres.

Si la tendencia es imitar estrategias de gobiernos extranjeros, como aparenta, busquemos modelos de desarrollo exitosos que generen riqueza en común, sistemas comprobados y no aquellos gobiernos que históricamente son o han sido un fracaso.

Todos tenemos que trabajar en hacer de México un país con miras de alto desarrollo y libertades, en las que cada uno de nosotros podamos vivir en armonía con nuestras familias y sin resentimientos al prójimo. Esta forma de vida empieza en el hogar, con el legado de valores morales que deben fomentar los padres  a los hijos,  ejemplificados en el actuar diario.

La enseñanza de Valores en las escuelas es primordial, y para ello los maestros deben de tener los recursos necesarios para implementar una educación de calidad. El comportamiento de los ciudadanos es similar a la educación que recibieron; Una buena educación conlleva a  un ciudadano que vive la legalidad.

Por otra parte, un buen ciudadano vive y se manifiesta políticamente, participando activamente de las propuestas públicas y de vigilar sus  beneficios. La política va implícita con el deber ciudadano.

México se obliga a retomar como proyecto fundamental, el replantearse un Proyecto de Nación, sin resentimientos, sin cadenas de amargura, y sin tendencias extranjeras que nos alejan de nuestra idiosincrasia y origen cultural tan rico y extenso. Fuimos líderes en América Latina en el pasado y podemos retomar este liderazgo si nos lo planteamos como proyecto activo.

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