Bombardeos sobre Irán, amenazas de guerra total y declaraciones revisionistas desde EE.UU. reflejan un mundo cada vez más desquiciado. En la madrugada del 12 de junio, Israel lanzó un ataque aéreo sobre Teherán, según reportó Axios. Las imágenes muestran incendios, estructuras destruidas y un país en alerta máxima.
Las autoridades iraníes calificaron el acto como una “provocación de alto calibre”. “Israel ha elegido su destino. No quedará piedra sobre piedra”, afirmó una fuente cercana al gobierno de Teherán. La Guardia Revolucionaria ya ha movilizado tropas, y grupos aliados como Hezbollah prometen una respuesta “sorpresiva y múltiple”.
Mientras Medio Oriente arde, en Estados Unidos, el expresidente Donald Trump declaró que “Estados Unidos ganó la Segunda Guerra Mundial solo” y relativizó el papel de la Unión Soviética. Incluso llegó a citar a Putin como fuente de su argumento, provocando la indignación del Kremlin y del mundo académico.
Dmitri Medvédev no tardó en responder. “Una tontería patética”, dijo el exmandatario ruso, recordando que el Ejército Rojo fue quien tomó Berlín y soportó el grueso del esfuerzo bélico. La Cancillería rusa cifró en 50 millones las pérdidas humanas de la URSS frente a las 418.000 de EE.UU.
Este contexto muestra no solo un conflicto militar inminente, sino también una erosión peligrosa del consenso histórico y ético internacional. La relativización del nazismo, la glorificación de antiguos enemigos y la manipulación de la historia generan un cóctel explosivo.
¿Quién escribe la historia cuando todos mienten? ¿Qué valor tiene el derecho internacional si las potencias actúan sin consecuencias? Mientras Teherán arde, el mundo pierde el norte moral y político, y la verdad queda enterrada bajo los escombros.
