martes, febrero 3, 2026
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México 2026: Entre la Ortodoxia Fiscal y las Sombras del Estancamiento

by Ana Villalba
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Por: M.A. Jesús García Galaviz

La reforma fiscal 2026 en México se presenta como un ejercicio de contención más que de transformación. Mientras la economía global navega entre la incertidumbre geopolítica y los ciclos de ajuste monetario, México enfrenta una encrucijada que revela las limitaciones estructurales de un modelo económico que ha privilegiado la estabilidad macroeconómica sobre el dinamismo productivo, Las prioridades están orientadas a cuidar las finanzas públicas aumentando la recaudación, disminuyendo el déficit presupuestal y la deuda pública, más que estimular la inversión, la productividad y el crecimiento.

La Paradoja de la Prudencia

La propuesta fiscal para 2026 mantiene la línea conservadora que ha caracterizado a la actual administración: déficit controlado estimado en 4.1% que en comparación al recibido  por el actual gobierno del 5,7% en 2024 no está nada mal , ahora si en 2025 fue del 4.3% el reto de bajar dos puntos porcentuales para 2026 parecería muy conservador  , deuda pública estable  mantener el mismo nivel de 2025 del 52.30 % sobre  el PIB  , aunque analistas privados consideran que oscilara en un 54 % y una dependencia inquebrantable de los ingresos petroleros de Pemex ,siguen siendo ingresos no sustituibles en el corto plazo, no se visualiza que en  el futuro próximo estos se  reemplacen con una reforma fiscal estructural.

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 Sin embargo, esta aparente responsabilidad fiscal esconde una realidad más compleja. La austeridad no ha sido acompañada de una reconfiguración del gasto que privilegie la inversión productiva, la innovación o el fortalecimiento del capital humano. El sostenimiento de los programas asistencialistas sigue siendo prioridad sin estar realmente generando riqueza.

El crecimiento económico alcanzado en 2025 según cifras presentadas por el INEGI  el pasado  30 de enero fue del 0.7% por arriba de lo que estimaban los analistas y  el propio gobierno de entre el 0.3% y 0.5%, de cualquier forma no se llegó al 1%,  para 2026 oscila entre el 1.8% y 2.8% según estimaciones del paquete económico 2026,una cifra que apenas supera el crecimiento demográfico,  y que resulta insuficiente para atender las demandas de una población joven que requiere empleos formales, bien remunerados y con perspectivas de movilidad social. Esta mediocridad en el crecimiento como ha sido la tendencia en los últimos cinco años, no  es producto del azar, sino el resultado predecible de décadas de subinversión en infraestructura, educación e investigación.

Los Elefantes en la Habitación

Tres factores estructurales limitan cualquier posibilidad de crecimiento sostenido. Primero, la productividad laboral en México prácticamente se ha estancado desde la década de 1980. Las reformas estructurales de las últimas décadas no lograron detonar ganancias significativas de productividad, y la economía sigue dependiendo de sectores de bajo valor agregado.

Segundo, la informalidad laboral, que afecta a más del 55% de la población ocupada, representa no solo un problema de recaudación fiscal, sino una barrera insalvable para el desarrollo de capacidades, la acumulación de capital y la innovación empresarial. La reforma fiscal 2026 no aborda este fenómeno con la profundidad que requiere.

Tercero, la relación estrecha pero tóxica con Estados Unidos. El nearshoring ha generado expectativas desmedidas sobre sus efectos multiplicadores. No se han alcanzado según las expectativas que se tenían, la inversión ha sido insuficiente para detonar el crecimiento acelerado, el PIB por debajo de lo esperado con muy bajo desempeño, aunado a una falta de una política industrial integral, falta de incentivos fiscales claros, incertidumbre regulatoria pareciera una gran contradicción, sin embargo, no todo es negativo las exportaciones siguieron en aumento consolidándose como su socio principal comercial. Para cumplir con las expectativas planteadas será necesario invertir más en energía e infraestructura, una clara certidumbre regulatoria e incentivos productivos.

El Silencio sobre la Inversión

La reforma fiscal 2026 es elocuente en lo que calla. No hay un replanteamiento del sistema tributario que incentive la innovación, que premie la formalización, que castigue la concentración de mercado o que redistribuya con mayor progresividad la carga fiscal. Tampoco existe una visión de largo plazo sobre cómo financiar la transición energética, la adaptación al cambio climático o la digitalización de la economía.

La recaudación tributaria en México, que ronda entre el 17.70% y 18.30% del PIB, es una de las más bajas de América Latina y de la OCDE (34%). Esta debilidad fiscal estructural limita la capacidad del Estado para intervenir efectivamente en la corrección de fallas de mercado, en la provisión de bienes y servicios públicos de calidad o en la implementación de políticas industriales estratégicas.

Crecimiento sin Desarrollo

El debate económico mexicano sufre de una miopía persistente: confunde crecimiento con desarrollo. Podemos crecer al 2% o al 3% anual durante décadas sin que ello se traduzca en reducción significativa de la pobreza, en mejora de la distribución del ingreso (Riqueza) o en fortalecimiento de las instituciones. El crecimiento económico es condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo.

La reforma fiscal debería ser el instrumento mediante el cual una sociedad define qué tipo de país quiere ser. ¿Queremos un México de salarios bajos y manufacturas simples, o uno de innovación y alta productividad? ¿Priorizamos la extracción de rentas sobre la creación de valor? ¿Apostamos por la inversión pública estratégica o por la austeridad como fin en sí misma?

Hacia una Agenda Posible

No todo está perdido. México cuenta con ventajas competitivas reales: proximidad geográfica con el mercado más grande del mundo somos su principal socio comercial, una demografía todavía favorable (Población joven), capacidad manufacturera consolidada y una red de tratados comerciales sin precedente. Pero capitalizar estas ventajas requiere decisiones políticas valientes, México tiene las cartas correctas; el reto es jugarlas bien.

Una reforma fiscal verdaderamente transformadora e integral debería: ampliar la base tributaria mediante la simplificación administrativa y la digitalización; eliminar regímenes especiales y privilegios fiscales que benefician a grupos de interés; combatir la evasión y la elusión sin persecución excesiva, apostando a una real solidaridad tributaria entre estado y contribuyente; vincular incentivos fiscales a resultados medibles de productividad, formalización e innovación; y destinar recursos específicos a fondos de inversión de largo plazo en infraestructura estratégica y claro el uso transparente y eficiente del gasto .

El crecimiento económico de México en 2026 y los años subsecuentes no será determinado únicamente por factores externos o por ciclos económicos globales. Será, fundamentalmente, el resultado de decisiones de política pública que tomemos hoy. La reforma fiscal 2026 es una oportunidad desperdiciada de sentar las bases de un modelo económico más justo, más productivo y más sostenible. Pero quizás el mayor riesgo no sea la mediocridad de esta reforma, sino la resignación colectiva a que la mediocridad sea nuestro destino. Esperemos que la reforma fiscal 2027 sea el inicio de una verdadera reforma integral y transformadora.

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