Por Leslie Martínez
Una derrota no borra el esfuerzo de una temporada. Perder también forma parte del deporte y puede dejar aprendizajes importantes para jugadores, equipos y aficionados.
En el deporte estamos acostumbrados a hablar de victorias. Celebramos los campeonatos, las grandes jugadas, los goles y los jonrones; esos momentos que hacen que una afición se sienta orgullosa de su equipo. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en lo que pasa cuando llega el momento de perder.
A lo largo de una temporada, los equipos viven momentos buenos y malos. Hay partidos que se celebran hasta el último momento y otros que terminan dejando frustración. También llegan las eliminaciones, cuando todo el esfuerzo realizado durante meses parece resumirse en un solo resultado.
El ambiente después de una derrota es completamente diferente. El estadio que durante días estuvo lleno de gritos, aplausos y celebraciones cambia por completo. Las caras son distintas, los jugadores se van con otra sensación y los aficionados comienzan a abandonar las gradas.
Pero incluso en medio de la decepción, hay algo que permanece: el cariño por el equipo.
Es ahí cuando podemos pensar que quizá el deporte también se trata de aprender a perder.
En Ciudad Juárez, la afición deportiva ha vivido muchas veces esa mezcla de emoción y decepción. En cada temporada existen equipos que consiguen avanzar y otros que terminan antes de alcanzar el campeonato. Cuando llega una eliminación, es normal que aparezcan las críticas y la tristeza, pero también es importante recordar todo lo bueno que ocurrió antes de ese último partido.
Muchas veces creemos que una temporada se resume en el resultado final. Si un equipo queda campeón, tuvo éxito; si es eliminado, parece que todo lo demás deja de importar. Pero un marcador solamente muestra una pequeña parte de todo lo que ocurrió durante la temporada.
Detrás de cada partido existen horas de entrenamiento, sacrificios, errores, decisiones, lesiones y momentos difíciles. Los jugadores tuvieron que prepararse, competir y levantarse después de otros resultados que tampoco fueron favorables.
Todo ese esfuerzo no desaparece porque el último partido haya terminado con una derrota.
También está la afición. Es fácil apoyar cuando las cosas van bien, cuando llegan los buenos resultados y cuando el equipo está cerca de conseguir el objetivo. Lo verdaderamente complicado es permanecer cuando llega una derrota.
Ser aficionado no debería significar estar solamente para celebrar. También significa estar cuando las cosas no salen como esperábamos. Porque si solamente estamos presentes en los buenos momentos, quizá no estamos entendiendo realmente lo que significa formar parte de una afición.
Una derrota puede generar enojo, tristeza o frustración. Es una reacción normal cuando existe una ilusión y el resultado no es el esperado. Sin embargo, también puede convertirse en una oportunidad para analizar qué ocurrió y qué puede hacerse diferente la próxima vez.
Los jugadores también tienen que aprender a convivir con la derrota. En un deporte competitivo, no siempre se puede ganar. Hay errores que cuestan partidos, decisiones que no salen como se esperaba y rivales que simplemente tienen un mejor encuentro.
Aceptar eso no significa dejar de competir ni conformarse con perder. Significa reconocer que una derrota forma parte del camino y que después de ella también existe la posibilidad de volver a intentarlo.
Incluso desde el periodismo deportivo existe un aprendizaje en estos momentos. Como medios, no solamente se cuentan las veces que se gana. También hay que estar presentes cuando llega una eliminación, cuando un equipo pierde y cuando la afición se va a casa con una sensación diferente.
Contar esas historias también es parte del trabajo. Una derrota puede explicar mucho sobre un equipo: cómo respondió ante la presión, qué errores cometió, qué hizo bien y qué tendrá que mejorar.
Por eso, perder no debería borrar todo lo que ocurrió antes. Un equipo puede no conseguir el campeonato y aun así haber dejado recuerdos en su afición. Un jugador puede cometer un error y aun así haber tenido una temporada llena de esfuerzo.
El resultado final importa, porque en el deporte se compite para ganar. Pero no debería ser lo único que define una temporada.
Al final, ganar es una parte del deporte, pero perder también lo es.
Tal vez ganar demuestra lo que un equipo puede conseguir, pero saber perder demuestra la manera en la que decide levantarse.
Porque el marcador queda atrás. Lo que permanece son las experiencias, los aprendizajes, los recuerdos y las ganas de volver a intentarlo.
Y quizá de eso también se trata el deporte: de entender que no siempre vamos a ganar, pero que incluso después de perder, siempre queda algo por aprender.
