• La obra, acervo del Museo Nacional de Historia, es motivo del proyecto de investigación, conservación y museología, “Una imagen de aliento y cenizas”
• Visitantes observaron la aplicación de técnicas de imagenología y de espectroscopía, por parte de un equipo de especialistas de ambas instituciones.
En 1695, mientras la vida del “Fénix de América” se consumía en el Claustro de San Jerónimo, en la Ciudad de México, nacía en Antequera, Oaxaca, Miguel Mateo Maldonado y Cabrera quien, 55 años más tarde, realizaría un retrato de la monja, “un monumento que erige ante nosotros el espacio de un rito: sor Juana aparece, se ofrece en espectáculo y se aleja”, describe Octavio Paz en Las trampas de la fe.
El cuadro, una de las joyas de la colección pictórica del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec (MNH), es motivo del proyecto de investigación, conservación y museología “Una imagen de aliento y cenizas. El retrato de Sor Juana entre la materia y la memoria”, impulsado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Entre el 3 y el 13 de febrero, el público tuvo la oportunidad de ver cómo especialistas examinaron la obra, mediante técnicas no invasivas de imagenología y de espectroscopía, a fin de conocer los materiales y su método de aplicación, evaluar el estado físico-químico y, en consecuencia, tomar las mejores decisiones para su conservación y exhibición en la Sala 3, dedicada a la formación de la identidad criolla.
La alianza del MNH, mediante el Departamento de Restauración, con el Instituto de Física de la UNAM, a través del Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural y el proyecto de investigación MAPEoS, cuenta con la colaboración del Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Museos.
El director del MNH, Salvador Rueda Smithers, explica que para el retrato de sor Juana Inés de la Cruz —que le debió ser comisionado por la superiora de la orden jerónima en 1750—, Miguel Cabrera se inspiró en el realizado por el artista español Juan de Miranda. En ambos se representa a la Décima Musa en su treintena, cuando, reconvenida por su confesor Antonio Núñez de Miranda, retornó a la clausura.
“El de Cabrera es el retrato icónico de sor Juana. Para hacerlo debió contar con las descripciones de las monjas que la conocieron. La postura en que la retrata, sentada, con la mano derecha posada sobre un libro, mientras la izquierda sostiene un largo rosario, da a su figura un aspecto lleno de espiritualidad e inteligencia”, detalla.
El historiador advierte además de la fama que acompañó a los dos en vida. Las composiciones de la poeta fueron altamente apreciadas en el Siglo de Oro (XVII), en ambos lados del Atlántico; al igual que el oaxaqueño fue considerado uno de los grandes pintores novohispanos del siglo XVIII.
Al respecto, el titular del proyecto MAPEoS y coordinador del estudio, Nathael Cano Baca, comenta que, a diferencia de su producción de series hagiográficas, los retratos que Cabrera ejecutó por encargo son producto de su maestría. Por eso, “la importancia de conocer los materiales y recursos técnicos de este óleo sobre tela, pues abrirá una nueva comprensión sobre el desarrollo de este género pictórico, por parte del artista quien, en 1751, examinó el ayate con la imagen de la Virgen de Guadalupe, para crear su versión más fidedigna”. anota el restaurador.
El estudio del cuadro de la religiosa jerónima —de 2.10 m de alto por 1.50 m de ancho— se basa en las Ciencias del Patrimonio, la cual aúna los conocimientos de la historia del arte, la ciencia, la conservación y la curaduría, entre otras disciplinas.
El experto abunda que, durante la primera semana, con equipos portátiles se registró la obra con técnicas de imagen en el espectro visible y ultravioleta, cuyas resultantes permitirán obtener detalles de su superficie, como la dirección de las pinceladas, características de las veladuras y alteraciones, así como los materiales en superficie.
En la segunda semana, con espectroscopía de fluorescencia de rayos X y de reflectancia por fibra óptica, se obtuvieron datos sobre la composición elemental y molecular de los materiales, por ejemplo, la identificación de sustancias orgánicas, de pigmentos y colorantes, el tipo de aglutinante y la base de preparación utilizados.
De los resultados preliminares de rayos X, la jefa del Departamento de Restauración del MNH, Elia Botello Miranda, resalta la observación en el mosaico digital de una serie de pentimenti o arrepentimientos. Entre las rectificaciones hechas por Cabrera están el tamaño del tintero; el recogimiento de las falanges de la mano izquierda de sor Juana, con el cual supo crear un gesto “más galante que devoto”, el largo del hábito e, incluso, los títulos de un par de libros de la biblioteca de fondo.
La fase de procesamiento de datos, para la cual se conformará un seminario de estudio interdisciplinario, implicará tres meses. “La intención es que toda la información, incluido el análisis documental, se vierta en una publicación y compararla con otros estudios, por ejemplo, de la colección de Cabrera en el Museo del Prado, en Madrid”, finaliza la restauradora.
Con información del INAH
