–PAN ya no quiere firmarle otro cheque en blanco al PRI
Una cosa es una cosa… y otra cosa es otra cosa. Parece trabalenguas, pero viene como anillo al dedo para lo que se cocina en torno al próximo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Resulta que a la gobernadora Maru Campos ya le llegó la invitación presidencial, pero hasta ahora mantiene el clásico “déjame pensarlo”. Dice que todavía no puede asegurar si estará presente.
Y ahí es donde entra aquello de que una cosa es una cosa…Porque una cosa es que la relación entre Palacio Nacional y Palacio de Gobierno no haya atravesado precisamente por su mejor momento, particularmente después del desafortunado episodio bautizado políticamente como el CIA Gate, donde más de uno asegura que a Maru le tocó recibir el frío trato de la Federación.
Peeero otra cosa muy distinta es la diplomacia política. Porque una invitación de la presidenta de la República a una gobernadora guste o no guste, se responde con formas.
Y las formas, en política, suelen valer más que los discursos de reconciliación que después terminan en fotografías para la posteridad.
Habrá quienes digan: ¿y qué tanto pierde Maru si no va? Total, su administración ya entró en la recta final y la batalla electoral que se avecina promete sacar chispas entre el PAN estatal y Morena.
Pero justamente ahí está el detalle. Los tiempos electorales pasan, las campañas terminan y los candidatos cambian de cargo.
La relación institucional, en cambio, debería sobrevivir a los enconos, los desencuentros y hasta a las guerras de declaraciones.
Por lo pronto, Maru dice que ya recibió la invitación y que aún no sabe si acudirá. Incluso reconoció como uno de los aspectos destacados del Gobierno Federal las giras de Claudia Sheinbaum para escuchar directamente a la ciudadanía. Así que la pelota está en la cancha de Palacio de Gobierno.
Porque una cosa es el agravio político… y otra, muy distinta, dejar plantada a la presidenta. Y en política, como en las buenas familias, hay invitaciones que simplemente no conviene desatender.
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Todavía ayer, en los tradicionales desayunaderos grillos de chihuahuitas tierras, los analistas de café seguían dándole vueltas a la visita de Alejandro “Alito” Moreno, dirigente nacional del PRI, quien vino el pasado fin de semana a Chihuahua a vender la alianza al PAN.
Cuentan los que saben que en el PRI quieren cobrar caro el amor tricolor, diputaciones federales y locales, regidurías y, de ser posible, algunos cargos administrativos, en el supuesto de que el PRIAN ganara la elección a la gubernatura.
El problema es que los panistas ya conocen la factura de la pasada coalición y, por lo visto, no están dispuestos a firmar otro cheque en blanco.
Y es ahí donde aparece otro de los negociadores de ocasión, Alejandro Domínguez, dispuesto —dicen— a secundar a Alito en la misión de demostrar que el PRI todavía tiene con qué negociar.
Porque, seamos sinceros, sin aquella alianza algunos de los actuales beneficiarios quizá no habrían llegado tan lejos: Omar Bazán en San Lázaro, Óscar Nieto en los Conalep, Fernando Mota en Pueblos Originarios y hasta Enrique Serrano en la Coespo. La pregunta incómoda es: ¿cuántos de esos espacios los habría conseguido el PRI solito? Ninguna.
Maru Campos, mientras tanto, ya puso sobre la mesa su carta: unidad contra Morena. Dice que espera que las fuerzas políticas puedan caminar juntas para enfrentar al “gobierno de la muerte”.
