Por Carlos Angulo Parra
No quedaría en paz conmigo mismo de no expresar mis pensamientos hacia una persona que tuvo un gran impacto en mi vida, como -no lo dudo- también, en la vida de muchos chihuahuenses y mexicanos; esa, persona es Francisco Javier Barrio Terrazas.
Yo conocí a Pancho no a través de su hermano mayor Federico, ya también fallecido, con quien tuve una profunda amistad y a quien le debo una buena parte de mi éxito profesional, sino a través de otro amigo, Carlos Salas Porras Soulé, cuando Pancho trabajaba para una de las empresas de Grupo Bermúdez, la desarrolladora más importante de parques y naves industriales en Ciudad Juárez, Chihuahua en la época de los ochenta del siglo pasado.
Ese día en que conocí a Pancho no tuvo mayor significado, platicamos brevemente de cosas triviales y, me imagino que no tuvimos mayor impresión mutua de ese encuentro.
Años después, nos volvimos a encontrar en una comida en la que se nos había invitado por el gerente de la IBM, Alfredo Arvide, en agradecimiento de haberle comprado un novedoso “procesador de palabras” (lo que todo mundo ahora tiene con su lap-top) que era una novedad tecnológica de última generación.
Para entonces acababa de pasar la expropiación de la banca hecha por el presidente López Portillo, y Pancho nos dijo, palabras más palabras menos, que ya no le tenía fe al país y que pronto iniciaría un retiro a vivir en la vecina ciudad de El Paso, Texas, para enfilar a su familia para hacer su vida en los Estados Unidos.
Yo le respondí diciéndole que hombres valiosos, bien instruidos, jóvenes y con ambiciones como él, eran necesarios para el progreso del país. Que salir del país ante las adversidades no abonaba nada para la solución de nuestros problemas.
Ante mis expresiones, yo noté que Pancho se veía afectado con lo que yo decía. Después de tener un amplio diálogo al respecto, nos despedimos.
Tiempo después, Pancho fue elegido presidente del Centro Empresaria de Ciudad Juárez de Coparmex, destacándose por sus posiciones fuertes en contra de las barbaridades del régimen priista de la época de López Portillo.
A raíz de esto, en 1983, el PAN invitó a Pancho a contender por la candidatura del Partido para la Presidencia Municipal de Juárez, y ante la generosidad de Miguel Agustín Corral, buen amigo a la postre, también finado, quien había ganado la contienda interna en el PAN, declinó en favor de Pancho Barrio y fue ratificado como candidato por la asamblea, Pancho quedó como abanderado para la campaña.
Muchos amigos míos se sumaron a la campaña, yo no lo hice, asumiendo erróneamente de que era imposible ganarle al PRI, y hasta me mofaba de mis amigos por hacerlo.
Cuando ante mi sorpresa, le gana Pancho la elección al PRI por un buen margen.
Ante el suceso, me vino una profunda depresión y vergüenza, me sentí arrogante y miserable. La noche del triunfo le llamé por teléfono a Pancho, lo felicité y le expresé mi pesar, recordándole la conversación que tuvimos en aquella comida. Le dije que él sí había tomado el toro por los cuernos y que yo no era más que un hablador que no cumplía mis convicciones con acciones. Le dije que voluntariamente me ofrecía a ayudarlo en lo que necesitara sin ninguna contraprestación.
Pasaron pocos días y, ante mi sorpresa, llegó a mi despacho una comisión del PAN, presidida por una sola persona que yo conocía, Fernando Palma Gómez, también finado, quien iba acompañado por Miguel Agustín Corral, presidente municipal suplente electo que acompañó a Pancho en toda su campaña, y por el Dr. Marte Corona Chávez, quien había dirigido a los llamados “Victoria”, arduos defensores del voto.
Me dijeron que por encomienda de Pancho Barrio me pedían que defendiera la elección ganada en contra del PRI que había interpuesto un recurso para anular la elección. Les respondí que yo no sabía nada de derecho electoral, me dijeron que nadie en México sabía de eso porque vivíamos con un gobierno autocrático y que todo se debía de inventar.
Defendimos entonces la elección que fue reconocida y Pancho asumió el cargo.
A partir de todo esto, mi vida cambió radicalmente, continué defendiendo elecciones, apoyé a Pancho a regularizar terrenos para personas de bajos recursos. Por encomienda del Jefe Estatal del PAN, Don Guillermo Luján Peña, finado, fui el primer negociador del PAN para la reforma electoral de Chihuahua; fui candidato suplente a la Presidencia Municipal de Don Héctor Mejía, finado. Fui candidato a diputado federal en 1991; fungí como Primer Regidor a cargo de Gobernación con Pancho Villarreal, finado; fui Senador Suplente de Francisco Molina Ruíz, finado. Actué como asesor parlamentario del PAN para la reforma fiscal de maquiladoras en 2001; fui el responsable del Jurídico Nacional del PAN de 2003 a 2006; ocupé el cago de titular de Enlace Legislativo de Gobernación en 2011 y fui Diputado Federal de 2012 al 2015.
Pero, sobre todo, tuve el honor de representar a Francisco Barrio ante los órganos electorales del PAN para su precandidatura a la Presidencia de la República en 2006.
Que descanse en paz Francisco Javier Barrio Terrazas.
