–Alarma por loquito “mataperros” en los Kilómetros
–No hay agua, pero sí llegaron los tinacos de la JMAS
— Alex levanta la voz… pero lejos de San Lázaro
Otra vez arroz: en el más reciente sondeo de Rubrum rumbo a la definición de la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación… bla bla, “candidato” pues a la gubernatura de Morena, la senadora Andrea Chávez volvió a colocarse en el primerísimo lugar de las preferencias.
Los números son más que claros, la recién estrenada mamá, aparece al frente con 60.5% de las preferencias, mientras que Cruz Pérez Cuéllar registra 32.9%.
Traducido al lenguaje grillo, la senadora mantiene una ventaja de casi 28 puntos sobre el alcalde juarense, una diferencia que difícilmente puede venderse como “empate técnico”.
Lo interesante no es sólo quién va arriba, sino que la tendencia prácticamente se mantiene. Andrea baja algunos puntos respecto a la medición anterior, pero conserva una distancia bastante cómoda, mientras Cruz apenas logra avanzar un par de puntos. Es decir, el tablero se mueve, pero no cambia de dueño.
Con esos números, en más de un cuarto de guerra morenista ya deben estar haciendo cuentas. Porque una cosa es la operación política y otra muy distinta intentar remontar una ventaja que ronda los treinta puntos cuando el reloj electoral sigue avanzando.
Claro que nadie debería dar por muerto al alcalde fronterizo. Cruz ha demostrado más de una vez que sabe construir estructuras, negociar alianzas y resistir tormentas, y hasta pegar de chillidos cuando los números no les favorecen.
Falta saber si en Morena terminarán respetando las encuestas o de plano privilegiarán el dedazo. Al tiempo.
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Allá por el rumbo de los Kilómetros al surponiente de juaritos anda desatado un “mataperros”, quien usa veneno para extinguirlos.
Por aquellos lares a la raza no sólo le preocupa la inseguridad de siempre; ahora pa’ acabarla de amolar, los trae sacados de onda un cobarde que decidió aplicar la muerte a los perros callejeros.
Las imágenes que comenzaron a circular en redes sociales helaron la sangre de más de uno: varios lomitos tirados sobre calles de tierra, sin vida y con todos los indicios de haber ingerido alguna sustancia tóxica.
Lo más indignante es que, según los propios vecinos, no se trataría de un hecho aislado, sino de una práctica que ya tiene rato repitiéndose.
El asunto ya obligó a la Dirección de Atención y Bienestar Animal y a la Fiscalía General del Estado a entrarle al caso. Y más les vale que la investigación no termine archivada como tantas otras, porque envenenar animales no es una travesura de mal gusto ni una simple falta administrativa. Es un delito y, además, una señal de alarma sobre el nivel de violencia, de odio y locura de algún psicópata.
Los especialistas llevan años advirtiendo que quienes disfrutan maltratando o matando animales muchas veces escalan después a conductas todavía más peligrosas. Por eso el tema no debería verse únicamente como una causa animalista, sino como un problema de seguridad pública.
Mientras tanto, los vecinos hacen lo que pueden: alertarse entre ellos, cuidar a sus mascotas y revisar hasta las croquetas que se encuentren en la calle. Triste realidad cuando la recomendación del día ya no es cuidarse de los baches o de los ladrones, sino de un loquito mataperros.
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Y ya que por Los Kilómetros han abundado las malas noticias, esta semana al menos a los habitantes de aquella apartada zona les llegó una que sí les cayó como agua fresquita en medio de estos calorones.
La Junta Municipal de Agua y Saneamiento arrancó en ese sector la entrega de más de 200 tinacos, como parte de un programa que contempla repartir tres mil recipientes entre doce colonias donde abrir la llave todavía sigue siendo un sueño.
Porque sí en pleno 2026, mientras la ciudad presume desarrollo industrial y nuevas inversiones, todavía hay familias que dependen de las pipas para almacenar el agua con la que cocinan, se bañan y sobreviven a los calorones que convierten el surponiente en un auténtico horno.
Y pues ni modo, si el agua no puede llegar por la red, al menos que las familias tengan dónde guardarla. También ayuda que la JMAS haya aumentado el número de pipas y reforzado los centros de distribución gratuita. Son medidas que alivian una necesidad urgente y que difícilmente alguien podría cuestionar.
Pero que nadie se confunda, regalar tinacos no resuelve el problema de fondo; apenas ayuda a sobrellevarlo. El verdadero reto sigue siendo construir la infraestructura hidráulica suficiente para que miles de juarenses dejen de depender de un calendario de pipas y puedan abrir la llave con la misma normalidad que en cualquier otra colonia de la ciudad.
Mientras eso ocurre, los tinacos representan un respiro para cientos de familias que bastante tienen con aguantar el calorón. Ahora solo falta que las pipas no fallen y que el vital líquido llegue, porque de otra forma hasta el tinaco más nuevo se queda como adorno.
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Ayer reapareció por Ciudad Juárez el dirigente estatal del PRI y diputado federal, Álex Domínguez. Vino a hacer acto de presencia en su partido, saludar a los medios y, de paso, levantar la voz para exigir el rescate del campo chihuahuense y la modernización de la red eléctrica del estado.
Hasta ahí, el discurso suena bien. El detalle es que el mensaje parecía mandarlo del lugar equivocado, porque quiénes pueden resolver esa problemática están en la Ciudad de México y no en Juárez.
Más de uno se quedó con la duda de si el exhorto era para la prensa fronteriza o para quienes realmente toman las decisiones. Porque los productores difícilmente recuperarán los programas desaparecidos con una conferencia de prensa, por muy buena que haya estado.
Y luego apareció otro ingrediente curioso: la gira de los llamados “Defensores de Chihuahua”. El nombre suena rimbombante, casi como si existiera un ejército ciudadano recorriendo el estado. Pero la pregunta quedó flotando en el ambiente: ¿quiénes integran realmente ese grupo? Porque hasta ahora el único rostro visible es el del propio Álex Domínguez.
Si la intención era construir un movimiento amplio, todavía falta presentar al resto de los “defensores”.
