Después de retrasos, pleitos, acusaciones de sobrecostos, videos y discursos encendidos en las redes y más vueltas que patrulla en operativo de fin de semana, la Torre Centinela finalmente fue inaugurada.
Por ahora falta ver si tendrá resultados esperados en materia de seguridad en todo el estado.
Porque una cosa es inaugurar una torre de más de 115 metros, con invitados de traje, funcionarios alineados y aplausos medidos, y otra muy distinta es convencer a la raza de que, desde ahí arriba, la seguridad se va a ver mejor. Y no sólo verse: sentirse.
En la ceremonia de inauguración de este jueves, hubo de todo: alcaldes, empresarios, mandos policiacos, representantes de la sociedad civil, autoridades de ambos lados de la frontera y hasta presencia institucional de Estados Unidos y Nuevo México. Ah, pero los que hicieron el vacío fueron los de la 4T, tal y como lo habían advertido.
Pese a las ausencias del gobierno federal y municipal hacia el proyecto panista, hubo protocolo, hubo solemnidad, seguridad y también un poco de desorganización por lo estrecho del espacio que fue abarrotado por los invitados.
Afortunadamente el evento terminó justo antes de que llegara la lluvia que terminó por despachar a sus casas a los invitados que se quedaron al after de la ceremonia.
Vale la pena destacar que los morenistas no dejaron pasar la fecha para soltar su veneno en contra del proyecto. Cruz Pérez Cuéllar volvió a llamar “mugrero” a la obra, y Andrea Chávez puso sobre la mesa el combo completo: tres años de retraso, más de 500 millones de pesos de sobrecosto y pisos que, según su versión, todavía no estarían equipados.
Dicho en corto, mientras el Gobierno estatal cortaba el listón, Morena intentaba cortar la narrativa oficialista.
Pero la respuesta más interesante no vino en forma de comunicado ni de pleito frontal. Vino desde el discurso de Gilberto Loya, quien sin citar por nombre a sus críticos hizo algo bastante más efectivo: convirtió la inauguración en defensa política y técnica de la estrategia de seguridad de su jefa la gobernadora Maru Campos.
Loya no habló solamente de concreto, cristales, antenas o cámaras, dejó claro que la gobernadora Maru Campos si tuvo visión, estrategia de seguridad. Ese fue probablemente el mensaje político más importante de la noche.
Loya evita definió a la Torre Centinela como “la cúspide de una estrategia” que comenzó desde el inicio de la administración marucampista, en franca respuesta a los detractores que la reducen a un edificio costoso.
“La Torre no es la estrategia; es el resultado visible de una estrategia que lleva cinco años”.
Con esto, Loya intentó colocar a Maru Campos como una gobernadora que transformó la manera de combatir la delincuencia, no como una gobernadora que simplemente construyó una torre.
La inauguración llega con el calendario rumbo a 2027 ya encendido. Morena quiere convertir el proyecto Centinela en monumento al supuesto despilfarro panista. El PAN quiere convertirla en monumento a su estrategia de seguridad. Y en medio queda Juárez, que no necesita monumentos sino resultados.
Por eso no es menor que el Gobierno insista en que la Torre pertenece a Juárez, pero también a todo Chihuahua. La frase busca sacar la obra del pleito local y elevarla a símbolo estatal.
La inauguración de la Torre Centinela les cayó como balde de agua fría a los morenos. O como dicen en el barrio “les ardió”.
Y no era para menos, pues después de años de convertir la obra en uno de sus blancos favoritos, de llamarla “mugrero”, y cuanto adjetivo se les ocurrió, resulta que llegó el día y la torre ahí estaba: de pie, iluminada y con medio mundo político mirando hacia arriba.
