–El negocio de “Los Polleros” no se detiene
–A Bravos ya no los calienta ni el sol
Es muy grave lo que está pasando en algunos antros de Ciudad Juárez. Y lo ocurrido este fin de semana en Plaza Portales debería encender, por lo menos, los focos amarillos de las autoridades.
Dos mujeres fueron captadas presuntamente inconscientes durante la madrugada del domingo. En los videos que circularon en redes se observa cómo son cargadas por hombres y posteriormente dejadas en plena explanada, mientras otras personas permanecen alrededor.
Más allá del morbo que provocaron las imágenes lastiman porque estas mujeres terminaron literalmente tiradas en la calle, tal vez, después de haber consumido alcohol.
Y aquí viene el asunto incómodo: ¿quién está vigilando realmente a los antros?
La venta desmedida de bebidas alcohólicas parece no tener límite en algunos establecimientos, particularmente durante los fines de semana. Y no falta quien sospeche que, además del alcohol, en ciertos lugares circulan otras sustancias.
Lo preocupante es que todo esto ocurre frente a las autoridades.
Gobernación estatal debería explicar si existe una investigación, si hubo inspecciones y si los negocios de Plaza Portales cumplían con horarios y condiciones de operación. Porque de poco sirve tener inspectores si éstos solamente aparecen para levantar actas… o peor aún, para hacerse de la vista gorda.
Y la responsabilidad tampoco termina en la Secretaría de Gobierno. También deben responder las autoridades municipales y las corporaciones de seguridad que participan en los operativos.
Porque si un antro opera fuera del horario permitido, vende alcohol sin control y después una persona termina inconsciente en la vía pública, alguien falló.
Lo mínimo que merecen los juarenses es saber quién está vigilando la noche fronteriza y, sobre todo, quién está cobrando por no ver lo que sucede frente a sus narices.
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El negocio del tráfico de personas parece no tener fin en esta frontera. Cambian los nombres, cambian las casas de seguridad, pero la historia se repite: promesas de cruzar a Estados Unidos que terminan en amenazas, extorsiones, violencia y secuestro.
El último caso debería preocupar a todos.
En Lomas de San José fueron localizadas 12 personas en situación de movilidad, diez mexicanas y dos centroamericanas, que presuntamente permanecían retenidas mientras esperaban ser cruzadas ilegalmente a Estados Unidos.
Y no estaban precisamente esperando un Uber.
De acuerdo con la SSPM, tres personas fueron detenidas y se aseguró un revólver calibre .22. Las víctimas señalaron a los detenidos como quienes presuntamente las vigilaban para impedir que escaparan.
El asunto deja una pregunta incómoda: ¿cuántas casas de seguridad más existen en Juárez?
Porque si los traficantes pueden trasladar personas, encerrarlas y mantenerlas bajo vigilancia, el problema ya no es solamente migratorio. Es de seguridad, crimen organizado y derechos humanos.
Y aquí las autoridades tienen una tarea pendiente: no conformarse con rescatar a las víctimas cuando alguien marca al 911.
Hay que desmantelar las redes. Ni más ni menos.
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Los de lengua de triple filo aseguran que, en la directiva de Bravos, empezando por Alejandra de la Vega, andan que no los calienta ni el sol. Y no es para menos: ocho partidos, ocho derrotas y cero puntos. Peor arranque, imposible.
El problema ya no parece ser de mala suerte ni de una mala tarde. Es una crisis del equipo en todas luces.
Y mientras los aficionados siguen pagando boletos, camisetas y abonos para ver a su equipo sufrir, Bravos se ha convertido en el cliente frecuente del sótano de la Liga MX.
El domingo hubo otra derrota, Juárez se puso arriba 1-0 ante Santos con penal de Óscar Estupiñán, pero apenas diez minutos después llegó el empate y luego la voltereta. Otra vez se escapó el partido.
Entonces vienen las preguntas incómodas para la directiva: ¿qué está fallando? ¿La planeación? ¿Los refuerzos? ¿El cuerpo técnico? ¿El vestidor?
Porque ocho derrotas consecutivas ya no se pueden explicar con aquello de que “el fútbol es así”.
Los Bravos están en el fondo y parecen no encontrar la salida.
Y mientras la directiva seguramente hace cuentas y busca explicaciones, la afición fronteriza comienza a preguntarse algo mucho más sencillo:
¿Hasta cuándo van a seguir aguantando este desastre?
