Desde el pasado domingo, vecinos y comerciantes ubicados en el cruce de la avenida López Mateos y avenida Insurgentes han reportado una fuga en la línea principal de distribución de agua potable del sector. Al día de hoy, jueves, se cumplen cinco días de derrame continuo.
Lo que comenzó como una filtración se ha convertido en un acumulamiento considerable de agua potable que se extiende a lo largo de dos o tres cuadras. Más allá de la imagen urbana deteriorada, el problema representa una afectación directa para quienes habitan y trabajan en la zona.
Comerciantes señalan que el encharcamiento ha complicado el acceso a sus establecimientos, impactando su actividad económica. Por su parte, vecinos advierten molestias y posibles daños en sus viviendas derivados de la humedad constante y el flujo permanente de agua sobre el pavimento.
La situación no solo refleja una falla en la infraestructura hidráulica, sino también un problema de atención oportuna. En una región donde el agua es un recurso particularmente valioso, resulta preocupante que una fuga en la línea principal permanezca activa durante varios días sin una solución visible.
El desperdicio de agua potable contrasta con los llamados permanentes al ahorro y uso responsable del recurso. La corresponsabilidad ciudadana en el cuidado del agua debe ir acompañada de una respuesta eficiente por parte de las autoridades encargadas de su distribución y mantenimiento.
Atender esta fuga no es únicamente una cuestión técnica; es un acto de responsabilidad pública. Cada día que transcurre sin reparación representa no solo litros desperdiciados, sino también la percepción de una gestión reactiva ante problemas que exigen prontitud y eficacia.
La comunidad ya hizo su parte al reportar la situación. Ahora corresponde a las instancias competentes actuar con la celeridad que el caso amerita.
