—Pemex siempre en el ojo del huracán
–Trump saca de nuevo el látigo de lengua
Ya lo decía la abuela: en tiempos difíciles, más vale sumar que restar. Y en Ciudad Juárez parece que por fin los astros se alinean para la seguridad, pues la gobernadora Maru Campos y el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, andan estrenando alianza con la firme idea de poner orden. La expectativa está alta y el optimismo comienza a contagiarse.
Este jueves se reunieron y participaron también al fiscal César Jáuregui y el jefe Centinela, Gil Loya, todos con buen ánimo y prometiendo que ahora sí la colaboración será de verdad: se compartirá información, se coordinarán los operativos y se atenderán los focos rojos. Esta vez se nota que hay ganas de hacer la diferencia y de que las palabras se conviertan en acciones concretas.
Dicen que García Harfuch pronto visitará Chihuahua, y que llegará no para la foto, sino para conocer de primera mano los desafíos y buscar soluciones conjuntas. ¡Ya era hora! La ciudadanía está lista para ver resultados y, por primera vez en años, hay esperanza de que los cambios sí se noten.
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En la Ciudad de México el tema de Pemex vuelve al reflector. Carlos Treviño Medina, exdirector de la petrolera, fue detenido en Estados Unidos y será deportado a México, acusado de corrupción y de estar del otro lado del caso Odebrecht.
La FGR, que ya sabemos que agarra parejo cuando le conviene, ahora sí se puso las pilas… pero sólo contra el último director del sexenio de Peña Nieto. ¿Y los otros? Bien, gracias. Octavio Romero Oropeza, que duró seis años al frente de Pemex, anda tan campante en Infonavit sin que nadie le toque ni un pelo.
Así las cosas, entre cortinas de humo y operativos relámpago, el país sigue esperando que las palabras se conviertan en hechos.
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¡Vaya, vaya! Que Donald Trump volvió a sacar el látigo —al menos de lengua— y, fiel a su costumbre, puso a México como el niño obediente de la clase. Según el exmandatario, nuestro país hace lo que se le pide desde el norte, que porque ahora “respetan” a Estados Unidos y cierran la frontera como si fuera puerta de cantina.
Dicen las malas lenguas que cuando Trump estornuda en el Salón Oval, en Palacio Nacional alguien saca el kleenex. Y es que, con números en mano, presumió que los cruces irregulares en la frontera sur se desplomaron a niveles de los años 60. ¿Mérito de su política migratoria? ¿O reflejo del endurecimiento de las medidas aquí y allá?
Total, que Trump no desaprovecha oportunidad para echarnos en cara que México y hasta Canadá “hacen lo que les decimos”. Como si las relaciones entre países fueran tan simples como cambiar de canal con el control remoto. Lo cierto es que este tipo de declaraciones, más allá del espectáculo mediático, ponen sobre la mesa una realidad incómoda: la política migratoria mexicana sigue bailando al ritmo que marcan en Washington. Ni más, ni menos.
