—Juaritos volvió a los reflectores, es de las más violentas
—La presidenta le echa la bolita a García Luna
Los aironazos de ayer en Juárez no perdonaron ni a las estructuras más firmes de edificios y carteleras de juaritos.
El viento, como si tuviera ganas de hacer travesuras, se encargó de poner en jaque a semáforos, espectaculares y hasta a los edificios oficiales.
En Pensiones Civiles, tuvieron que suspender los servicios médicos porque la cosa se puso fea, la estructura del inmueble se movió como si estuviera bailando al ritmo del viento. Comentan por ahí que más de uno salió con el Jesús en la boca.
Pero lo que realmente hizo ruido, literal y figurativamente, fue la Torre Centinela. Ahí estaba prevista la reunión de la Mesa de Seguridad, pero el clima –que nunca avisa ni pide permiso– obligó a cambiar el lugar de la reunión a Pueblito Mexicano.
Resulta que los ventanales no resistieron y los vidrios acabaron por romperse, gracias a unos cinchos que los trabajadores no alcanzaron a quitar y que, movidos por el viento, se estrellaron justo donde más dolía.
Así que, a Gil Loya, el capitán Centinela, el clima le jugó una mala pasada. Lo irónico es que, mientras se hablaba de seguridad, la naturaleza puso a prueba la capacidad de reacción de las autoridades.
Será que el destino les quiso recordar que en Juárez no solo hay que cuidarse de lo humano, sino también de lo que viene del cielo.
El caso es que, entre estructuras tambaleándose, cambios de sede y vidrios volando, quedó evidenciado que no hay plan que aguante un buen ventarrón.
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Juaritos volvió a los reflectores, pero no por su gastronomía o su gente chambeadora, sino porque otra vez, la ciudad figura entre las 50 más violentas del planeta.
Y no es novedad, cada año, el ranking la tiene ahí, como si el peligro fuera parte del paisaje fronterizo. Para colmo, la mala fama le da en la torre a las inversiones y refuerza la imagen negra que pesa sobre la frontera.
Chihuahua y Juárez, compadres en desgracia, aparecen en el top 50, con Juárez en el número 17 y Chihuahua capital en el 40.
Aunque dicen que Juárez ya bajó cinco puestos y tiene la tasa de asesinatos más baja en ocho años, el consuelo es de tontos si el país sigue siendo el campeón en ciudades violentas, con 17 en el listado.
Eso sí, el gobierno estatal presume que su estrategia está funcionando: más policías, más cámaras y más coordinación, pero los números siguen de miedo.
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La mañanera de ayer fue un espectáculo digno de meme, la presidenta Claudia Sheinbaum, ante señalamientos de corrupción por el exconsejero jurídico Julio Scherer en su libro, prefirió echarle la bolita a García Luna.
La primera mandataria en vez de enfrentar las acusaciones graves—lavado de dinero, colusión con el narco, tráfico de influencias, entre otros delitos señalados en el libro—la estrategia oficial es mirar para otro lado, y desviar la atención.
La presidenta utilizó como una salida ante los cuestionamientos, comparar a Scherer y Jesús Ramírez con el alcalde de Tequila Jalisco Diego Rivera, como si fueran lo mismo.
El gobierno morenista prefiere que el pueblo ignore la verdad, porque si la gente despierta, la factura electoral será alta.
Aquí la consigna parece ser, la corrupción ajena sí, la propia no. Aplican la máxima “a los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley a secas”.
