lunes, marzo 16, 2026
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La Pasión y las pasiones

by EdiciónJuárez
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Por: Pbro. Carlos Muñoz Caselin

Estamos en Cuaresma y se acerca la Semana Santa, un tiempo que no resulta indiferente para nadie, especialmente en los países occidentales. Aunque no seamos creyentes o practicantes, el tema se hace presente cada año, pues vivimos en una sociedad con profundas raíces culturales cristianas, pésele a quien le pese. 

Incluso el Estado, que se autodenomina “laico”, aunque más bien debería llamarse estado anti cristiano, se ve obligado a respetar estos días. Se puede renegar de nuestras raíces, pero éstas no desaparecen por caprichos humanos ni por decretos presidenciales. Por ello, ante algo imposible de ignorar —aunque sea solo para salir de vacaciones o tener días de descanso—, vale la pena meditar con calma o, al menos, recordar el verdadero significado de la cuaresma y Semana Santa, junto con sus efectos, no solo a nivel cultural e histórico, sino también en el plano personal. 

La palabra “Pasión”, con mayúscula, viene del latín passere, que significa padecer o sufrir. Su voz pasiva, passum (“padecido”), dio origen en castellano a “Pasión”, es decir, lo que Cristo padeció. Este es el tema central de la Cuaresma y, en especial, de la Semana Santa: los espantosos dolores y tormentos que sufrió Cristo, nuestro Salvador, particularmente el Jueves y Viernes Santo. Estos días nos recuerdan el precio de sangre que pagó como rescate por nuestras almas, lo mucho que le costamos y el amor infinito que demostró al entregar su vida por nosotros, pecadores, criaturas salidas de su mano, muy amadas por Dios, pero lamentablemente ingratas y marcadas por una inclinación al pecado, que a veces nos parece incorregible, pero no lo es. 

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Alguno se preguntará: ¿rescatarnos de qué? Simple: de la condenación eterna que merecíamos por nuestros pecados. La Biblia nos enseña que hubo una gran batalla en el cielo, de la cual fueron arrojados al infierno un gran número de ángeles rebeldes, a los que llamamos demonios. Estos espíritus, que conservan su poder e inteligencia, los utilizan para hacer el mal y vengarse de Dios, a quien saben que nunca podrán derrotar. Desde la creación del mundo, encontraron una forma de desquite: atacar a Dios a través de sus criaturas humanas. Nosotros, creados a imagen y semejanza de Dios, nos convertimos en el blanco perfecto para que los ángeles caídos descarguen su ira. 

Ante esta situación, el Creador no podía permanecer indiferente. Envió a su Hijo, quien, tomando cuerpo humano, siendo Dios y hombre verdadero, asumió el castigo que merecían nuestros pecados y pagó con su Pasión lo que nosotros debíamos padecer. Así, el demonio no podría reclamar ningún derecho sobre quienes, habiendo elegido el mal, se hubieran arrepentido. Gracias a la Pasión de Cristo, hoy tenemos acceso al cielo, si a pesar de nuestros pecados, nos arrepentimos, pedimos perdón y con la ayuda de Dios, procuramos enderezar nuestro camino.

Para nuestra desgracia, dentro de nosotros existen aliados de los demonios: las pasiones desordenadas. No nos referimos a las pasiones en general, pues éstas son parte de nuestra naturaleza y las necesitamos para alcanzar nuestras metas. Gracias a ellas luchamos por causas justas, formamos familias, las educamos con constancia, fomentamos virtudes, valores, defendemos la patria y hacemos muchas otras cosas buenas. El problema surge cuando nuestras pasiones no se ordenan a un fin honesto, cuando se rebelan y nos arrastran a la búsqueda de satisfacciones egoístas, pisoteando los mandamientos de Dios y el bien del prójimo. Son estas pasiones desordenadas las que nos llevan al pecado.

Por eso son tan importantes la Cuaresma y la Semana Santa: un tiempo que nos recuerda estas verdades y nos ayuda a fortalecer el esfuerzo por una vida más virtuosa y cristiana, encaminada a la salvación eterna. El pecado nos pesa y nuestras pasiones nos agobian, pero la Pasión de Cristo es nuestra fortaleza. Lo que destruye el desorden de nuestras pasiones, lo restaura la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. 

Les deseo que pasen una santa Cuaresma y que la Semana Mayor se distinga este año por una vida virtuosa que sea para cada uno de ustedes una verdadera Semana Santa. 

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