Como parte de su primer gran programa de investigación biomédica en órbita, la Agencia Espacial Tripulada de China (CMSA, por sus siglas en inglés) envío embriones artificiales, hechos a partir de células madre humanas, a la estación espacial Tiangong. Durante su estancia, los taikonautas a bordo investigan el desarrollo de las estructuras para verificar si la gravedad —o la ausencia de esta— afecta las primeras etapas del desarrollo humano.
Los embriones en la carga espacial no tienen la capacidad de convertirse en un individuo. Sin embargo, sí pueden servir como modelos para el estudio del desarrollo humano temprano.
Los científicos chinos enviaron embriones que imitan fases del desarrollo de entre 12 y 21 días después de fecundación. Esta es una fase crítica, ya que alrededor de esos días ocurre la gastrulación, el proceso que organiza las capas celulares que dan origen a todos los órganos.
De acuerdo con la Academia China de Ciencias (CAS), organismo del gobierno chino que dirige el experimento, los embriones llegaron a Tiangong el 11 de mayo como parte de la misión Tianzhou-10 y fueron cultivados durante cinco días a bordo de la estación espacial. Luego el personal los congeló para su posterior envío a la Tierra. Hasta la última actualización, el líder del proyecto, Yu Leqian, aseguró que el experimento “iba muy bien”.
Mientras esta investigación se lleva a cabo en Tiangong, investigadores en China cultivaron y congelaron embriones artificiales idénticos, los cuales servirán como grupo de control. “Esperamos que, al comparar el desarrollo de muestras espaciales y terrestres, podamos identificar los factores que afectan el crecimiento embrionario humano temprano en el entorno espacial y abordar los riesgos y desafíos que los humanos pueden enfrentar durante la habitabilidad espacial a largo plazo”, dijo Yu a la agencia Xinhua.
Aunque el experimento chino es uno de los primeros en usar modelos embrionarios humanos, la reproducción en el espacio lleva décadas poniéndose a prueba en otras especies, con resultados mixtos.
Las moscas de la fruta, por ejemplo, han logrado aparearse y producir crías en órbita, aunque generaciones posteriores mostraron alteraciones neurológicas y de orientación. En peces cebra, los embriones avanzaron en etapas tempranas, pero algunos desarrollaron problemas de simetría y formación de órganos. También se han enviado gusanos C. elegans, un organismo modelo ampliamente usado en biología. Completaron su ciclo de vida en el espacio, aunque con cambios en la expresión genética vinculados al estrés celular.
La ciencia espacial está repleta de experimentos con peces en condiciones de ingravidez ¿Por qué?
El caso más cercano a los humanos proviene de ratones. En 2023, embriones enviados a la Estación Espacial Internacional lograron formar blastocistos normales, aunque aún no se sabe si etapas más complejas del desarrollo podrían completarse sin gravedad.
La apuesta por entender cómo responde el cuerpo humano a las condiciones extremas del espacio no se limita al desarrollo embrionario. Hace apenas unos días, China lanzó una misión, también a Tiangong, que mantendrá a un taikonauta un año completo en microgravedad, la estancia más larga en la historia del programa espacial chino.
El objetivo es medir en tiempo real cómo la exposición prolongada afecta huesos, músculos, sistema inmune y funciones cognitivas.
Wired
