lunes, junio 15, 2026
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¡No son charcos, son lagunas!

by Eduardo Huízar
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CIUDAD JUÁREZ.– Las recientes lluvias registradas en la ciudad trajeron un alivio temporal a las altas temperaturas, pero también provocaron el regreso de un problema que cada temporada vuelve a afectar a miles de juarenses: las enormes acumulaciones de agua que convierten calles y avenidas en verdaderas lagunas.

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No son charcos, son lagunas!: ciudadanos padecen inundaciones tras las lluvias

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En distintos sectores de la ciudad, especialmente sobre importantes vialidades como el bulevar Zaragoza, la avenida Talamás Camandari y otras arterias principales, conductores, motociclistas y peatones han tenido que enfrentar complicaciones para desplazarse debido a los extensos encharcamientos que permanecen incluso horas después de que cesan las precipitaciones. A lo largo de Talamás Camandari pueden observarse varios puntos donde el agua se acumula formando grandes lagunas que dificultan la circulación vehicular.

La situación es particularmente difícil para quienes habitan en algunos fraccionamientos donde las calles de acceso quedan prácticamente rodeadas por grandes cuerpos de agua. Residentes reportan dificultades para entrar o salir de sus viviendas, mientras que automovilistas deben evaluar constantemente si atraviesan o no las zonas inundadas para evitar daños mecánicos.

Los vehículos compactos y de cuatro cilindros son algunos de los más afectados, ya que el nivel del agua en ciertos puntos representa un riesgo para el motor y los sistemas eléctricos. No son pocos los casos en que conductores quedan varados tras intentar cruzar áreas inundadas, enfrentando posteriormente costosas reparaciones.

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Los motociclistas también se encuentran entre los sectores más vulnerables. Además de la dificultad para identificar baches ocultos bajo el agua, deben lidiar con superficies resbaladizas que aumentan considerablemente el riesgo de accidentes. A ello se suma la incertidumbre sobre la profundidad real de los encharcamientos.

Para los peatones, el panorama tampoco es sencillo. Banquetas cubiertas por el agua, cruces intransitables y largos rodeos forman parte de una realidad recurrente cada vez que se presentan lluvias de moderadas a intensas en la frontera. En muchos casos, las personas se ven obligadas a caminar por la calle para evitar los encharcamientos, exponiéndose al tráfico vehicular.

Aunque las precipitaciones son bien recibidas por muchos ciudadanos debido al descenso de temperatura y los beneficios ambientales que generan, también vuelven a poner en evidencia los problemas de drenaje pluvial y la necesidad de infraestructura que permita desalojar con mayor rapidez el agua acumulada. Mientras tanto, para miles de juarenses, cada lluvia continúa significando no solo un respiro del calor, sino también el regreso de las lagunas urbanas que año tras año complican la vida cotidiana.

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