–Ana Carmen Estrada, la palera de paleras
–Falla el acelerador lineal de la Zona Norte
–Dan golpe legislativo a Morena en el Congreso local
Cruz Pérez Cuéllar madrugó políticamente a la senadora Andrea Chávez al registrarse ayer como aspirante a la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Chihuahua.
Pérez Cuéllar fue el primero en aparecer en la foto del día y también el primero en mandar el mensaje de que está listo para abanderar a Morena rumbo a la gubernatura de Chihuahua.
Para los grillos de café, la llegada de Cruz antes que Andrea Chávez fue una pequeña victoria de percepción que, en política, suele valer más de lo que parece.
Vale destacar que dentro de Morena se estila que cada movimiento es un filón de oro, y quién llega primero, quién lleva más acompañantes, quién consigue más reflectores y quién logra instalar la narrativa del momento lleva ventaja.
Cruz no llegó solo. Lo acompañó una nutrida comitiva de diputados locales, legisladores federales, operadores políticos y figuras cercanas a su proyecto. Quiso dejar claro que tiene estructura, respaldos y capacidad de movilización.
Mientras tanto, Andrea Chávez sigue siendo una de las figuras con mayor exposición nacional y mantiene una cercanía evidente con los principales liderazgos de la llamada Cuarta Transformación. Nadie en Morena se atrevería a darla por descontada.
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La que también dio de qué hablar ayer fue la síndica Ana Carmen Estrada García, quien muy campante y hasta con sombrero apareció en las fotos en el evento de registro de Cruz Pérez Cuéllar.
El detalle no pasó inadvertido, pues mientras debería estar atendiendo sus responsabilidades en la Sindicatura, se dejó ver en la Ciudad de México acompañando al alcalde juarense en su actividad política preelectoral.
Ana Carmen se ha convertido, para muchos, en una de las síndicas más cómodas para el alcalde en turno: poco crítica, muy alineada y bastante cercana al proyecto político de Cruz Pérez Cuéllar. No son pocos los que consideran que con esa actitud terminó por desdibujar una figura que, en teoría, debería servir de contrapeso y no de acompañamiento político.
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Al Gobierno del Estado se le está acumulando un problema delicado con los pacientes diagnosticados con cáncer. Desde hace varios días, usuarios del Centro Radiológico Zona Norte vienen reportando fallas en el servicio, una situación que no sólo genera molestias, sino también preocupación entre quienes dependen de estos tratamientos y estudios para atender una enfermedad donde el tiempo es fundamental.
Desde finales de mayo, usuarios del servicio vienen reportando fallas en el acelerador lineal, el equipo indispensable para aplicar las radioterapias.
Según los testimonios de los propios pacientes, las sesiones fueron suspendidas desde el 28 de mayo por una avería y, tras varias semanas de espera, les notificaron que el servicio se reanudaría este lunes.
Pero la esperanza duró poco. Ayer hubo retrasos en las citas desde temprana hora y, conforme avanzó el día, varios pacientes fueron enviados de regreso a sus casas porque el aparato volvió a presentar fallas. Como si no fuera suficiente, este martes recibieron un nuevo aviso: las terapias quedan nuevamente suspendidas por el mismo problema técnico.
A ver si en Palacio Estatal escuchan el llamado. Porque hay asuntos que no admiten cálculos políticos ni excusas burocráticas. Y la salud de los pacientes con cáncer es uno de ellos.
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Vaya revuelo el que provocó en el Congreso del Estado la reforma que pretendía desaparecer las regidurías por demarcación territorial. Finalmente, la iniciativa no pasó y las cosas continuarán igual, es decir candidatos a regidurías propuestos en listas por los partidos.
La mayoría legislativa integrada por PAN, PRI, Partido Verde y PT decidió echar reversa al esquema impulsado por los diputados de Morena que buscaban acercar a los regidores con las colonias, barrios y comunidades que integran cada municipio.
Dicho de otra manera, pasar de representantes con territorio identificado a representantes seleccionados principalmente por las cúpulas partidistas.
La propuesta de las regidurías territoriales nació bajo la lógica de que una ciudad no vive los mismos problemas en todas sus zonas. Mientras en un sector reclaman pavimentación, en otro exigen transporte, seguridad o drenaje. La apuesta era que cada área tuviera una voz específica sentada en el Cabildo.
Pero con la reforma aprobada, la discusión vuelve al terreno tradicional, las listas de partido.
Y ahí es donde los críticos levantan la ceja, pues consideran que se fortalece el control de las dirigencias sobre la integración de los ayuntamientos y se debilita el vínculo directo entre representantes y ciudadanos.
