–Ariadna Montiel quiere contener la división en Chihuahua
—El joven del sombrero, en la cuerda floja
Conforme se acerca la hora de las definiciones en Morena rumbo a la candidatura al Gobierno de Chihuahua, los golpes bajos, las filtraciones y la guerra sucia forman parte de la operación de los equipos de los dos aspirantes con más peso.
Mientras que Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar en público hablan de unidad, en privado la disputa sube de tono y cada día queda más claro que la batalla más dura no será contra la oposición, sino dentro del propio Morena.
El campo de batalla está en las redes sociales, donde se publica de todo en contra de uno y de otra. Por ejemplo, circulan versiones que aseguran que la senadora con licencia Andrea Chávez no opera en territorio, que ha caído en las encuestas e incluso que ya habría aceptado la candidatura a la Presidencia Municipal a cambio de dejarle el camino libre a Cruz Pérez Cuéllar.
Mientras que de Cruz Pérez Cuéllar también han circulado toda clase de rumores: desde presuntos actos de corrupción hasta supuestos nexos con el narcotráfico. Incluso, en algunas publicaciones atribuidas a Simón Levy se afirmó que autoridades estadounidenses le habían retirado la visa y que tendría que comparecer ante autoridades federales.
Todo esto y mucho más se ha dicho en el ominoso mundo de las redes sociales sobre ambos suspirantes a gobernar Chihuahua. Sin embargo, vale la pena destacar que, hasta ahora, todo forma parte de la guerra sucia con la que buscan desacreditarse mutuamente en la disputa por la candidatura.
************
Bajo este contexto, hace unos días se llevó a cabo la encerrona convocada por la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, quien reunió a Cruz Pérez Cuéllar, Andrea Chávez, Martín Chaparro y a integrantes de la dirigencia nacional para ir midiéndole el agua a los camotes y evitar que, cuando llegue la hora de la designación, el proceso se salga de control y termine provocando divisiones dentro del partido.
La fotografía en la que aparecieron todos buscó proyectar disciplina, y de bajarles la temperatura antes de que la competencia se convierta en guerra abierta.
Dicen en Morena que la unidad está más fuerte que nunca. Y lo dicen justo cuando sus figuras más visibles ya están formadas para pelear la candidatura al Gobierno de Chihuahua.
En lo público todos repiten el libreto, aseguran que habrá armonía, convivencia sana, respeto a las reglas y trabajo en territorio, todo muy institucional, pero como lo comentábamos párrafos arriba, por debajo de la mesa se dan con todo.
Por el momento, el mayor riesgo para Morena no parece estar enfrente con los del PAN, sino adentro. Si el proceso se percibe cargado, si alguien siente que hubo dados marcados o si la famosa encuesta deja más dudas que certezas, la unidad podría convertirse en una palabra de campaña y nada más.
Por eso la dirigencia nacional quiere poner orden desde ahora. Saben que una candidatura dividida puede echar por la borda cualquier ventaja electoral. En Morena entendieron que la batalla por Chihuahua empieza mucho antes de las urnas y que el primer adversario puede estar sentado en la misma mesa.
Así que, por ahora, abundan los abrazos, las sonrisas y las promesas de civilidad. Falta ver si ese espíritu sobrevive cuando llegue la hora de contar preferencias y repartir candidaturas. Ahí es donde, como siempre, la puerca tuerce el rabo, ya pronto conoceremos si habrá verdadera unidad. Al tiempo.
************
No hay duda de que el escandalaso que armó Rafita Butchart la semana pasada dejó de ser un asunto policiaco bochornoso para convertirse un problema político doméstico del gobierno del Estado.
Porque una cosa es que un funcionario protagonice un exabrupto y otra muy distinta que termine esposado y pase la noche en los separos por, presuntamente, destruir publicidad que simplemente no le gustó.
Lo que ocurrió la semana pasada en el Parque Central no solo exhibió un arranque de ira del joven del sombrero. Sino que también metió en broncas a los funcionarios de gobierno que hoy se preguntan:
¿Debe seguir Butchart al frente del parque después de que terminó esposado y recluido en una celda? ¿Será bueno para la imagen del gobierno de Maru Campos?
Cuentan fuentes al interior del Gobierno del Estado que la permanencia de Butchart pende de un hilo. No porque el proceso legal haya terminado —de hecho, continuará bajo reservas de ley tras el acuerdo para la reparación del daño—, sino porque el costo político ya empezó a pasar factura.
Y es que el episodio llegó en el peor momento. La administración estatal ha tratado de proyectar orden, institucionalidad y respeto a la ley, pero resulta complicado sostener ese discurso cuando uno de sus funcionarios termina en patrulla por un asunto que pudo evitarse con una simple llamada o un procedimiento administrativo.
Todo indica que, para Rafa Butchart, la cuenta regresiva ya comenzó. En Palacio aseguran que su salida sería cuestión de días. Falta ver si alguien decide apagar el incendio y mantenerlo en el cargo.
