— Hay tiro entre Maru y Cruz
–Otra de ruteras; nadie hace nada
Con dos horas de retraso llegó la gobernadora Maru Campos al evento de inauguración de la Unidad Básica de Rehabilitación (UBR) en la Universidad Tecnológica de Ciudad Juárez (UTCJ). Aun así, la gente aguantó firme bajo el calor intenso que, entre las 12:00 y las 2:00 p. m., pegaba como lumbre.
El evento estaba programado para iniciar a las 12:00, pero a esa hora la gobernadora aún no llegaba; seguía en la ciudad de Chihuahua y su avión despegó poco después de la 1:00 de la tarde y llegó al lugar de la cita pasadas las 2:00 de la tarde.
La mayoría de los asistentes eran alumnos de la UTCJ, pero al ver que el evento no arrancaba, muchos optaron por retirarse. Mientras tanto, trabajadores de la Casa de los Toros Bravos comenzaron a quitar las sillas que iban quedando vacías.
Para llenar algunas de las sillas vacías, los operadores del rector Óscar Ibáñez —directores y personal administrativo— echaron mano rápido de los alumnos que iban llegando a clases del segundo turno. En pocas palabras, hubo relevo.
La gober llegó acompañada del secretario de Educación Hugo Gutiérrez Dávila, del senador Mario Vázquez y director del Ichife, el Luis Iván Ortega.
Después de la larga espera, la ceremonia de inauguración transcurrió sin contratiempos, pero también sin que la gobernadora ofreciera una mínima disculpa por llegar tarde y retrasar el evento.
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Ya en el “chacaleó”, como les dicen los colegas reporteros chilangos a las entrevistas banqueteras, la gober Maru Campos, ataviada con el jersey de TRI y, quizá inspirada por el ambiente futbolero, decidió lanzar un desafío directo al alcalde con licencia.
“Vamos a hacer un juego de cómo gobernar”, dijo Maru, para después rematar con un “apuesto a que le gano”. No fue una frase improvisada. Venía cargada de respuesta a las declaraciones de Cruz, quien días antes había dicho que la mandataria no conoce Ciudad Juárez y había minimizado el impacto de varias obras estatales.
Ahora la pelea es por la narrativa rumbo al proceso electoral que ya esta en puerta.
La gobernadora no sólo aceptó la provocación, sino que elevó la apuesta. Según ella, su gobierno ha hecho más por Juárez que la administración municipal y hasta soltó una frase que seguramente seguirá dando de qué hablar: “Cruz le quita a Juárez”.
El intercambio tiene un trasfondo mucho más profundo que una simple diferencia sobre pavimentaciones, hospitales o infraestructura. Lo que realmente está en juego es la narrativa rumbo al 2027. ¿O no?
Porque mientras Morena ya arrancó formalmente su carrera interna por la candidatura a la gubernatura y Cruz aparece como uno de los principales aspirantes, Maru parece decidida a convertirse en la principal crítica del juarense desde Palacio de Gobierno.
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Otra de ruteras: el choque múltiple registrado sobre la Talamás Camandari, donde cinco personas terminaron lesionadas, vuelve a poner sobre la mesa un tema tan masticado que las autoridades traen arrastrando desde hace años.
El transporte público en Juárez sigue siendo una bronca sin resolver y, por lo que se ve, todavía pasarán quién sabe cuántos años antes de que alguien le entre de verdad al problema.
Por ahora, los jefes de las oficinas de Transporte Público parecen estar ahí más para calentar la silla y cobrar la quincena que para resolver algo. Así, difícilmente le van a entrar de lleno a la bronca del transporte público.
Porque una cosa es hablar de modernización, de nuevas unidades, de proyectos y de promesas bonitas en los eventos oficiales; y otra muy distinta es lo que viven todos los días miles de juarenses que se suben a camiones viejos, inseguros y, muchas veces, manejados como si fueran en carrera contra el tiempo. Y ahí están las consecuencias accidente tras accidente, con lesionados y hasta muertos.
Vale destacar el accidente de ayer que no fue menor, cuando una unidad perdió el control, se fue contra el camellón, derribó árboles, invadió carriles y terminó impactando una camioneta. Luego vino otro golpe entre ruteras. Al final, como casi siempre, los que pagan los platos rotos son los pasajeros y los ciudadanos que nada tienen que ver con el desorden.
